jueves, 27 de septiembre de 2012

El Cartel: dispositivo de Escuela

Gloria González


Para la ejecución del trabajo adoptaremos el principio de una elaboración sostenida en un pequeño grupo. Cada uno de ellos (tenemos un nombre para designar esos grupos) se compondrá de tres personas al menos, de cinco como máximo, cuatro es la medida justa. Más una encargada de la selección, de la discusión y de la salida que hay que reservar al trabajo de cada cual. Después de un cierto tiempo de funcionamiento, los elementos de un grupo verán que se les propone que permuten en otro.

Jacques Lacan: Acta de fundación junio de 1964


La comisión de carteles de la NEL-Bogotá, para el período 2012-2014, toma el relevo del trabajo decidido que ha venido siendo realizado en torno al cartel. Se trata de un dispositivo ideado por Lacan para llevar a cabo el trabajo de formación de los analistas en su Escuela. Con un “pequeño grupo” buscaba poner en marcha su proyecto Escuela, alejado de la idea de "analistas didactas", por fuera de un saber jerarquizado encarnado por alguien.

El cartel es una estructura "horizontal" para poner en juego la transferencia de trabajo. Comanda este pequeño grupo un “más-uno” (llamado así por Lacan); se trata de una función y desde esta reducción a la función, debe operar para impulsar el trabajo, para mantener viva la transferencia puesta a prueba en el acontecer diario, en la contingencia, y para animar a la producción de cada cartelizante y a la presentación de los productos. El cartel aloja la singularidad de cada uno de sus integrantes, respeta sus ritmos y sus tiempos, acoge sus preguntas. Debemos preservar esta base, pues “el cartel tendía, en la idea de Lacan, a que los miembros de base, incitados a entrar en la organización circular de la Escuela, también escaparan a la empresa de los didactas" (Miller, J-A. El cartel en el mundo)

Así propone Lacan esta estructura para la conformación del cartel: “se compondrá de tres personas al menos, de cinco como máximo, cuatro es la medida justa. Más una encargada de la selección, de la discusión y de la salida que hay que reservar al trabajo de cada cual”. No obstante, nuevas invenciones para el funcionamiento de los carteles han tomado forma en nuestra comunidad, entre ellas los carteles ampliados y los fulgurantes. Su aparición en nuestro ámbito nos conduce a preguntas acerca de la vigencia de la estructura propuesta por Lacan, dadas las coordenadas de nuestra época: ¿debemos preservarla tal y como nos la formuló?, ¿es preciso cambiarla?, ¿qué argumentos soportarían una u otra posición? Estas son algunas de las preguntas que me hago al momento de asumir la comisión de carteles para este periodo, e invito a los miembros y asociados de la Escuela a pensarlas también.

En la Intervención de Jacques-Alain Miller durante la jornada de Carteles de la ECF, el 8 de octubre de 1994, que se publicó bajo el titulo:El cartel en el mundo, manifiesta una preocupación por la falta de entusiasmo respecto a este órgano base de la Escuela. En su texto, vuelve a los orígenes del cartel, explicita su carácter no jerárquico y resalta que el trabajo de la Escuela, ese que “en el campo abierto por Freud restaure el filo cortante de su verdad…” por principio, pasa por el cartel, se sostiene en él. Al final de este escrito encuentran el texto mencionado, que considero una lectura obligada y en plena vigencia para abordar el tema que nos ocupa.

La NEL-Bogotá, invita a todos aquellos interesados en la formación de orientación lacaniana a acercarse a sus espacios y a conformar carteles en los que puedan poner a trabajar sus preguntas, sus inquietudes, sus intereses.

miércoles, 26 de septiembre de 2012


El debate en torno a la condición humana: Sigmund Freud, su investigación y la discusión científica contemporánea

Carlos Jilmar Díaz Soler

No dudo que al destino le resultará por fuerza
más fácil que a mí librarlo de su padecer:
Pero usted se convencerá de que es grande la ganancia
si conseguimos mudar su miseria histérica
en infortunio ordinario.
Con una vida anímica restablecida
usted podrá defenderse mejor de este último.

Sigmund Freud [1895]

Así concluye Freud su ensayo “Sobre la psicoterapia de la histeria”; escrito que cierra la compilación Estudios sobre la histeria que vio la luz pública en 1895 y que, a su vez, reunió cinco historiales clínicos elaborados, unos por Freud y otros por su colega Josef Breuer. En palabras de Breuer y Freud, esta compilación recoge nuestras experiencias sobre un nuevo método de exploración y tratamiento de fenómenos histéricos.
Estudios sobre la histeria reúne artículos que dan cuenta de actos del saber, que sus autores no dudan en calificar de nuevo método de exploración y tratamiento. Textos en los que quedó consignado uno de los momentos de elaboración conceptual en Freud y, para nosotros, al tomarlos como eje de discusión, junto con otros aparecidos en este puntual período, se convierten en la posibilidad de rastrear inquietudes fundamentales que contribuyeron a orientar el quehacer clínico de Freud; en otras palabras, escritos que posibilitan comprender el quid de la sostenida orientaron de su trabajo; manifestación de su singularidad que nos permite entrever aspectos que contribuyeron a organizar su perspectiva analítica y la concomitante particularidad que fue asumiendo su práctica clínica, especialmente en dos de las aristas que, para él, asumió el inveterado problema del sufrimiento humano: la primera, el vínculo entre saber y sufrimiento, descubierto por Freud. La segunda, la persistente búsqueda de formalización conceptual que ya se evidencia en este temprano momento de su reflexión y que, como efecto, poco a poco, contribuyó a formalizar una práctica clínica con claros tintes de novedad académica.
Inscrito en un momento histórico caracterizado por las certezas que arrojaba la discusión científica sobre la histeria, estos textos dan cuenta de la postura de Freud en la discusión sobre lo humano, permitiendo entrever su especificidad. Partiendo de un ambiente extasiado por los significativos desarrollos de la anatomía, la fisiología y la neurología, sus trabajos investigativos muestran algo que hasta ese momento no había sido pensado y que, propio también de la condición humana, logró insertar en el debate intelectual contemporáneo, gracias a sus efectos en la práctica clínica y a su capacidad para formalizar sus hallazgos. Lo humano y su especificidad encuentran así un campo de investigación propio, determinado por la palabra, sus valores y los efectos, asunto que aún es motivo de sofisticadas elaboraciones teóricas y acalorado debate.
Las palabras seleccionadas como epígrafe sorprenden por que anuncian una diferente lógica de comprensión, frente a la ya establecida manera como era comprendida la histeria y asumida su clínica. Con ellas Freud nos asombra por la distancia que esboza frente a la manera como médicos y neurólogos piensan y actúan sobre las llamadas “enfermedades nerviosas”. Entonces ¿cuál es la novedad que representan estas palabras?, ¿cómo situar históricamente y conceptualizar epistemológicamente estos textos, buscando comprender los efectos que esa particular orientación nos legó, gracias al sostenido y minucioso trabajo investigativo de Freud?
Freud es heredero de una práctica clínica en la cual, como médico las enfermedades en general ya son concebidas como un conjunto de síntomas específicos que, una vez descritos, era necesario relacionarlas a una causa anatómica o fisiológica. Se buscaba reducir la diversidad de los hechos a la unidad de un principio. En el caso que fuese anatómica, se presuponía una lesión orgánica localizable. En el caso que fuese fisiológica, era necesario, entonces, asumirla como una disfunción fisiológica, es decir, era preciso relacionarla con su medio. Esta manera de asumir la medicina es consistente con el positivismo que, como postura filosófica, rechaza la metafísica y la teología [Canguilhem, 1978,75]; ésta doctrina filosófica aparece en el seno de la Ilustración del siglo XVIII y prospera en el siglo XIX, con los espectaculares triunfos de la física, la química, la astronomía y, como estamos entreviendo, también es asumida por la medicina. Desde esta perspectiva, en adelante, se discute con vehemencia la superstición de todo panteísmo, todo misticismo natural, toda mención de fuerzas divinas ocultas manifestándose en la naturaleza, ya que en variedad de contextos y durante muchos siglos, las enfermedades fueron consideradas como posesiones por parte de seres «malignos», o como el castigo inflingido por un poder sobrenatural a un vicioso o a un impuro; sólo actos de taumaturgia podían vencerlas. Es decir, la medicina comenzó a operar con presupuestos que buscaban establecer las causas de las enfermedades y los efectos de los remedios. Se buscaba leer en los hechos mismos, al margen de cualquier interpretación, la identidad física de lo fisiológico y lo patológico, con el fin de brindar a la medicina el estatus de una ciencia progresiva. En adelante, la observación no sería suficiente: “esa experimentación médica debe fundarse en el conocimiento de las leyes vitales fisiológicas o patológicas”, o, en palabras de Canguilhem [1965,141], la naturaleza sólo habla cuando se la interroga bien.
La experimentación para la medicina permitió verificar la teoría. Teoría y experimentación fueron asumidas como las dos caras de la misma moneda. En adelante, hablar de medicina experimental era decir que desde el inicio hay una orientación, ya sea por una hipótesis o por una teoría y, mediante experiencias, fue posible establecer la relación entre ambas. En este sentido, el método es formulado en el marco de la teoría en que se ha originado la investigación.
La práctica médica moderna se inscribe en la gradual disociación entre la enfermedad y el enfermo. En adelante, el enfermo es puesto entre paréntesis, como objeto dilecto del interés médico. Las enfermedades fueron así sucesivamente localizadas en el organismo, el órgano, el tejido, la célula, el gen, la enzima. Se trabaja intensamente para identificarlas en las salas de autopsia, en el laboratorio de exámenes médicos físicos (óptico, eléctrico, radiológico, escanográfico, ecográfico) y químico y Bioquímico [Canguilhem, 1989, p.36-37].
El ambiente académico en el cual Freud se formó e inició su trabajo investigativo estaba, entonces, cargado de la perspectiva positivista y se le guardaba a esta perspectiva un gran respeto académico. En consecuencia, a finales del siglo XVIII, gracias a este discurso científico se hacía temerario pensar que un loco era un ser maligno, poseído por el demonio; las causas de su desorden fueron buscadas en el funcionamiento interno del cerebro.
La incesante búsqueda de respuestas a sus preguntas lleva a Freud a la Salpêtrière, el mayor hospital de Europa, que albergaba entre cinco a ocho mil internos permanentemente. Trabajando y estudiando en la Salpêtrière, Freud estuvo en Paris desde octubre de 1885 hasta febrero de 1886. Mediante este contacto Freud se puso en el camino de la histeria y de la hipnosis. El encuentro con Charcot, el reputado neuropatólogo de la época, coloca a Freud en el camino de la hipnosis [Roudinesco: 1986,40]. Charcot, al tomar interés por la histeria y la hipnosis, bajo la idea de que la enfermedad nerviosa tenga su propia autonomía, renueva para la histeria el interés académico. No concibe su origen sin fundamento orgánico; en este plano es heredero de la tradición anatomo-patológico a la que añade los recientes descubrimientos en el campo de la fisiología de Claude Bernard. Charcot es tributario de una ciencia que asiste al arranque de las localizaciones anatómicas. El nacimiento de esta nueva época llena de esperanzas, en donde las teorías funcionalistas de sistema nervioso son predominantes, gracias al desarrollo de la fisiología y de la electrofisiología. Con osadía, Charcot había rescatado a la hipnosis de las manos de charlatanes, para ponerla al servicio de los propósitos de la curación mental.
Freud quedó sorprendido al ver a Charcot inducir y curar parálisis histéricas por medio de la sugestión hipnótica directa [Gay: 1989,75]. Charcot crea y suprime síntomas a partir de una palabra sugestiva. Muestra, más allá de la magia, que los fenómenos de la histeria obedecen a leyes; trata las observaciones clínicas como hechos y hace con ellas conjeturas neurológicas.
 Freud quedó encantado con el modelo de análisis para la histeria y la técnica que para su tratamiento presentó Charcot: la hipnosis. El encuentro de Freud con Charcot en 1885 le puso en el camino la idea de que la histeria es una afección eminentemente humana y que es producto de la particularidad humana: su intensa actividad psíquica. La hipnosis, como técnica para el tratamiento de estas afecciones utilizada por Charcot, así se lo indicaba.
Al aplicar este método a una serie de enfermos, se tropieza con dos dificultades. La primera: en palabras de Freud, “no eran hipnotizables todas las personas que mostraban síntomas inequívocamente histéricos y en las cuales, con toda probabilidad reinaba el mismo mecanismo psíquico”. La segunda: “debí tomar posición frente al problema de saber qué caracterizaba a la histeria y qué la deslindaba de otras neurosis” [Freud: 1895,264]. La importancia del método hipnótico, sin embargo, es posible vislumbrarla en dos sentidos: primero, la hipnosis era una forma de tratamiento que, a diferencia de la que se utilizaba en aquellos momentos, trataba la enfermedad mental por medio de palabras. En segundo lugar, la sugestión hipnótica, al ser efectiva contra ciertos síntomas, era también un efecto diagnóstico que confirmaba el origen psicológico de esos trastornos.
A partir de entonces Freud no busca conocer en lo conocido, se decide a hacer, a fabricar el conocimiento de la vida interior de los humanos. Está en el camino de iniciar una discusión sobre la condición humana y el «orden» que le subyace.
Pronto se percata que estas dolencias humanas no habían sido expuestas de esta manera, que lo humano y su particularidad es un enigma que se encierra también en la manera como tramita sus afecciones y que este misterio estaba sin resolver. Este problema colocó a Freud frente a preguntas de muy difícil solución: ¿Cómo habría de abordarse esa renuencia a recordar? ¿debía sugerirse o exigir de viva voz que se la depusiera? O, simplemente, ¿debía investigársela como a otro fenómeno psíquico?
Si los síntomas son de otra naturaleza, no se relacionaban con entidades corporales, entonces, ¿cómo orientarse para su clasificación? Y, la otra gran pregunta que se le impuso a Freud está relacionada con la clínica: si el enfermo fabrica señales, muestra, expresa, entonces, ¿qué lugar para el médico? Freud decide comenzar a recorrer el camino de la comprensión de estos problemas.

BIBLIOGRAFÍA

Bachelard, Gastón (1934), “La complejidad esencial de la filosofía científica”, en El nuevo espíritu científico, Editorial Nueva Imagen, México. 
Canguilhem, Georges [1965], “La idea de medicina experimental según Claude Bernard”, en Estudios de historia y de filosofía de las ciencias, Amorrortu Editores (2009), Buenos Aires. 
Canguilhem, Georges [1970], “¿Qué es una ideóloga científica?” En Ideología y racionalidad en la historia de las ciencias de la vida, Amorrortu Editores (2005), Buenos Aires. 
Canguilhem, Georges [1978], “¿Es posible una teoría de la curación?” en Escritos sobre la medicina, Amorrortu Editores (2004), Buenos Aires. 
Canguilhem, Georges [1989], “Las enfermedades”, en Escritos sobre la medicina, Amorrortu Editores (2004), Buenos Aires. 
Freud, Sigmund [1893], Charcot, volumen III, primeras publicaciones psicoanalíticas (1893-1899), Obras completas, ordenamiento, cometarios y notas de James Strachey, con la colaboración de Anna Freud, Amorrortu Editores (1976), Buenos Aires. 
Freud, Sigmund [1895], Sobre la psicoterapia de la histeria, Amorrortu. 
Freud, Sigmund [1925], Presentación autobiográfica, Amorrortu. 
Gay, Peter [1989], Freud, una vida de nuestro tiempo, Paidós. 
Roudinesco, Elizabeth [1986], La batalla de cien años. Historia del psicoanálisis en Francia. 1 (1885-1939), Editorial Fundamentos, España. 

Acerca del libro

Prefacio: Sobre el Seminario La novedad del inconsciente: de las formaciones del inconsciente a la formación del analista.

El descubrimiento del inconsciente freudiano se produce justamente allí donde algo en el lenguaje irrumpe inesperadamente bajo la forma del chiste, el lapsus, los sueños y el síntoma. Un verdadero “escándalo de la enunciación” llamó Jacques Lacan a las formaciones del inconsciente, en tanto dan cuenta de algo nuevo en el decir; de lo inesperado, paradójico e inclasificable —que se diferencia del código, siempre universal— y que pone en el centro de nuestra experiencia al sujeto de la enunciación. Brizna de real que está en la estructuración misma de las formaciones del inconsciente; no se trata de una señal que subyace a la estructura, sino de la estructura del inconsciente como tal.
El retorno a Freud, pero también a Lacan con las formaciones del inconsciente, introduce la lógica del deseo: “una reflexión que inscribe que el sujeto no satisface simplemente un deseo, sino que goza de desear”.
Frente al malestar propio de nuestra época, donde la homogenización del síntoma constituye la manera de abordar la salud mental, “para todos igual”, el inconsciente se revela atestiguando sobre la singularidad de cada sujeto y valorizando la diferencia. Se demuestra así que no todo es significante, que algo resiste y que las formaciones dan cuenta de ese real.
El Seminario 5 sitúa de manera paradigmática la novedad del psicoanálisis, del que esperamos, como lo demuestra la experiencia del final de análisis que Lacan llamó pase, una “nueva forma de decir”: la formación del analista es una formación del inconsciente.
A pesar de la temprana aparición de este Seminario en la enseñanza de Lacan, una lectura renovada apunta a su última enseñanza, destacando los principios fundamentales que orientan la formación del psicoanalista hoy.
La NEL-Bogotá convocó a todos aquellos interesados en la enseñanza de Lacan, a poner en el orden del día las razones de la vigencia del psicoanálisis, razones que contradicen los titulares de prensa que presentan al psicoanálisis como algo en desuso y mandado a recoger, para preguntarse en el marco de la tercera versión del Seminario de Orientación Lacaniana —SOL III— cuál es la novedad del psicoanálisis y cuál su aporte ético al entendimiento y abordaje de las problemáticas actuales del ser hablante.
La tercera versión del SOL en Bogotá, que contó con invitados internacionales de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, testimonió sobre un trabajo de Escuela. A su fórmula —ya conocida— que combina el desarrollo de un seminario teórico basado en las referencias de Jacques Lacan y un seminario clínico, en el que miembros de la Sede expusieron casos relacionados con la temática, se anudó un trabajo interno en la Sede, que permitió a los interesados en el seminario profundizar las referencias y articular temas de interés, bajo la forma del cartel y el grupo, y así, promover la transferencia de trabajo. Es, por el momento, la fórmula renovada del Seminario de Orientación Lacaniana de la sede NEL-Bogotá, SOL, novedad en nuestro trabajo de Escuela, que quiere mantener en su horizonte la formación del analista, de la cual el Seminario da testimonio, a través del trabajo de sus enseñantes, quienes dieron cuenta de la articulación del Seminario 5 (Las Formaciones del inconsciente) y de la formación del analista, al señalar que ésta pasa fundamentalmente por la “relación que se tenga con sus propias formaciones del inconsciente” y se apoya “como pilar fundamental en la relación del practicante con su propio deseo, advertido”.

Clara María Holguín
Por el directorio NEL-Bogotá (2010-2012)



Sobre la Edición

Como novedad, la presente edición del Seminario de Orientación Lacaniana en su tercera versión, SOL-III, se compone de dos partes principales:
La primera, bajo el título Seminario y subtítulo La novedad del inconsciente, reúne el seminario teórico, realizado durante el año de 2011, con invitados internacionales de Argentina, Gustavo Stiglitz, y de Brasil, Jèsus Santiago y Romildo do Rêgo Barros, quienes desarrollaron sus propias elaboraciones teniendo como hilo conductor la formación del analista y siguiendo el ordenamiento en cuatro capítulos con que Jacques-Alain Miller estableció el Seminario 5 de Jacques Lacan Las formaciones del inconsciente.
La segunda, bajo el título Testimonios y subtítulo De las formaciones del inconsciente a la formación del analista, recoge elaboraciones que en su diversidad, incluyen testimonios de pase de Analistas de la Escuela como Luis Salamone, Silvia Salman, Luis Tudanca, Gustavo Stiglitz, una vuelta más desde el post-analítico de Gabriela Dargenton, la insistencia siempre necesaria en la política lacaniana de Ricardo Seldes, el regocijante goce de la cucaracha de Ernesto Sinatra y finalmente, el homenaje de Juan Carlos Indart a Jacques Lacan a los treinta años de su catasterización que titula Efectos de formación matemáticos.
Podemos encontrar en estos textos respuestas a la pregunta sobre la vigencia del psicoanálisis en el siglo XXI.

Orlando Mejía. Por la comisión de Publicaciones NEL-Bogotá

Da la impresión de que todo anda fuera de control

Extractos de las ideas que desarrolló el sociólogo Zygmunt Bauman durante su  conversación con el diario El País de España, con motivo de su participación en el festival de reggae Rototom, en Benicàssim.

Ver: http://cultura.elpais.com/cultura/2012/08/19/actualidad/1345406113_154130.html



“La información es muy fácil de conseguir ahora. Vas a Google, haces una pregunta y recibes una respuesta. El problema es que no es una sola, sino que son millones. Cuando yo era joven anhelaba tener la clase de acceso a la información que tengo ahora, pero con el pasar de los años he descubierto que el exceso de información es peor que la escasez. Ahora los temas cambian continuamente. El interés de las personas fluctúa con enorme facilidad”.

“Nos estamos distanciando del pasado a toda velocidad, de lo cual resulta el impacto de dos fuerzas, una es la fuerza del olvido y la otra, la de la memoria. No hay tiempo para entrar en materia, de modo que la memoria guarda un recuerdo deformado del pasado. No sabemos cuánto van a durar las concepciones que se establecen con unos cimientos tan débiles. Esto no es serio. El problema es cómo conseguir llegar a la información relevante, cómo distingues la basura de lo relevante. Se trataría de saber si un año después le interesa a alguien lo sucedido el año anterior, si dejó algún rastro”.

“Simpatizo con el movimiento del 15-M, aunque no les veo capaces de cambiar nada. Pero no los culpo por ello. Sucedió lo mismo con Wall Street, tuvo un enorme eco en los medios, en la cultura, los político, incluso en los críticos sociales… ¿Sabe quiénes fueron los únicos que irónicamente ni se enteraron? Los peces gordos de Wall Street. Están buscando nuevas formas de cambiar las cosas, y eso es loable, pero de momento no las han encontrado. En esta confusión tiene mucho que ver el fenómeno de las redes sociales. Si un chico pasa tres horas diarias en Facebook tejiendo formas de comunicación alternativa es natural que crea la ilusión de que ha construido un espacio de democracia diferente. Cuando no hay ninguna sola prueba de que esta sea efectiva”.

“Nada es estable. Es muy propio de la modernidad líquida. Antes construías el conocimiento como quien construye una casa. Ahora se parece más bien a un tren que pasa sobre los raíles y no deja ninguna huella en la tierra”.

“Cuando escribí el libro [Esto no es un diario, editado por Paidós], la economía estadounidense daba signos de recuperación. Pero curiosamente el 93% de los ingresos extras provenientes de esa recuperación fue para el 1% de la población. Los problemas sociales siguen con nosotros y no tienen muchos visos de solucionarse. Nadie sabe a ciencia cierta cuánto tardará el problema del desempleo en arreglarse en España. Da la impresión de que todo anda fuera control”.

“Los políticos en esta época de la modernidad líquida se encuentran en una encrucijada. Por un lado, está la presión de los electores. Y por el otro están acogotados por la presión de la austeridad. Los recortes nadie los quiere. Hacen la vida más difícil. Por un lado desean mantener el estado de bienestar, pero por el otro tienen la orden de aniquilarlo. Cada cuatro años hay una nueva elección y entonces tendrán que escuchar lo que dicen los electores. Por el otro, están los mercados, que carecen de escrúpulos, de la solidaridad comunal. Es una situación complicada. Nominalmente el gobierno es responsable de lo que sus electores desean; por el otro, sufren factores que son extraterritoriales”.

“El proceso de la globalización es tortuoso. Hay fuerzas que están globalizadas: las finanzas, los mercados, el terrorismo, el tráfico de armas y de drogas. Mientras tanto, los poderes democráticos siguen siendo locales, nacionales. Aún vivimos bajo la sombra del Tratado de Westfalia. Acabó con la Guerra de los 100 años, y eso fue bueno. Básicamente vino a decir que cada rey, cada príncipe podía decidir en qué clase de dios sus súbditos deben creer. Nació el concepto de la soberanía nacional. Seguimos operando con el viejo patrón, pero con una intolerable presión proveniente de la globalización”.

“Toda mi vida, y he tenido una larga existencia, siempre he tenido la impresión de que las jóvenes generaciones si se aplicaban al estudio y obtenían buenos niveles de educación, les aguardaba una larga carrera. Las nuevas generaciones comenzaban donde habían terminado las anteriores. Se daba por sentado. Es la primera vez en que la generación más joven tienen las mejores expectativas (buena educación, idiomas) y ningún futuro. La juventud está cerca de acabar en la cuneta, corre el riesgo de ser redundante”.

“Ocupar la plaza, como se ha hecho en Madrid o en Wall Street, no soluciona el principal problema y es que el poder ya no lo controlan los políticos y que la política carece de poder para cambiar nada. Tampoco creo que sirva ocupar un supermercado, como se está viendo estos días en España”.

“Como estamos padeciendo una crisis detrás de otra, no prestamos atención a lo que es definitivo: no podemos seguir viviendo como vivíamos, no podemos consumir como antes. Y eso es un hecho. Hay que olvidar de una vez que la felicidad esté relacionada con la adquisición de bienes”.

“La clase política durante mucho tiempo ha aplicado una sola idea a la resolución de los problemas sociales: incrementar el consumo. Vivimos en un planeta que no admite más explotación de los recursos. Extender los patrones de consumo de los países desarrollados al resto del planeta es impensable si queremos pervivir”.

“Estamos alcanzando niveles de desigualdad cercanos a los del siglo XIX. En la antigua sociedad de los productores, los jefes y los empleadores eran dependientes entre sí. Ahora esa relación se ha quebrado. Antes, un trabajador de la Fiat o de Ford estaba empleado en la compañía durante treinta o cuarenta años. Ahora, la media de permanencia en una empresa de un trabajador de Silicon Valley es de ocho meses. Creo que la diferencia es elocuente por sí misma. Hoy, los herederos de Ford pueden coger su iPhone traspasar todo su capital a un país en el que la gente sigue viviendo por un dólar diario. Y donde la fuerza laboral es barata, no hay sindicatos y los gobiernos corruptos están dispuestos a cualquier cosa. Pueden mudarse, pero los trabajadores no pueden. La dependencia mutua ha sido sustituida por la unilateralidad. Los empleados necesita al patrón, pero no al revés”.

“Preguntas como si los ciudadanos tenían más miedo hace cien años que ahora, si sufrían más o no son imposibles de contestar. Esa gente que sufría entonces no estaba en la misma situación que nosotros ahora, por lo que no es posible la comparación. El hecho de haber vivido mucho permite a un sociólogo experimentar muchos momentos diferentes. Mi conclusión hoy, a los 88 años, es que no he encontrado ninguna sociedad perfecta. La felicidad nunca es completa. Cada sociedad tiene sus problemas. Lo más inquietante de la sociedad contemporánea, y la idea es del filósofo francogriego Cornelius Castoriadis, es que ha dejado de hacerse preguntas a sí misma. El gran peligro es cuando crees haber dado con la sociedad perfecta. La búsqueda de la sociedad perfecta no tiene fin y eso es bueno. El afán por mejorar es uno de las mejores cosas de la condición humana”.

“Cuando sucedió la revolución verde en Irán, Hillary Clinton saludó el nacimiento del nuevo Irán para felicitarse por haber presenciado de la primera revolución de Internet. Se oyeron cosas como que la gente disparó con sus Twitters en respuesta a las balas reales del poder. Luego quedó demostrado que solo unas 60 personas realmente tienen esa herramienta en Irán. Y que al final resultó una revolución de las de toda la vida, en la que la gente se involucró por las vías tradicionales, por el trato personal. Al final, nada cambió, salvo una cosa: nunca resultó tan fácil para la dictadura atrapar a los líderes de la revolución. Solo tuvieron que teclear los nombres en Google. Clinton celebrando la libertad de Internet es un gesto irónico, sobre todo ahora que sabemos que quieren cortarle la cabeza a Julian Assange por emplear la libertad de expresión en la Red. Lo que en Irán consideraba un gran paso para la democracia, en EE UU es un atentado contra la seguridad nacional. Es de locos”.

“La extinción de los intelectuales daría para una larga charla aparte. Resulta una cuestión dolorosa, en cualquier caso. Michel Foucault explicó que uno de los grandes problemas de nuestro tiempo llegó cuando pasamos del concepto del intelectual total al del intelectual parcial. Según esa idea, cada cual defiende lo suyo. La figura del intelectual debería usar su autoridad pública, su influencia para aportar a la solución de los problemas, a la creación de valores sociales. El intelectual parcial que solo defiende lo suyo es en sí mismo una contradicción. Cuando yo era joven la palabra intelectual se empleaba asociada con la idea de la gente, de la comunidad. Esta conjunción ha sido rota. El contrato entre la sociedad y el intelectual se ha quebrado. Además, ya no tiene la capacidad para llegar a nadie. Ese poder lo tienen los medios”.

martes, 25 de septiembre de 2012

Seminario Itinerante Clínico


VIDEO CONFERENCIA: 
"EL TRUEQUE Y EL RESTO: LA FUNCIÓN DE LA EXTIMIDAD"

A CARGO DE: PIEDAD ORTEGA DE SPURRIER
DÍA: SÁBADO 29 DE SEPTIEMBRE
HORA: 10 AM.
LUGAR: SEDE DE LA NEL-BOGOTÁ
COSTO: $25.000

Invitamos a todos los integrantes de la NEL a participar en el Seminario Itinerante Clínico II y a compartir el trabajo sobre los últimos capítulos del texto Extimidad de Jacques-Alain Miller. Este es el último módulo del SIC II; con él concluye la transmisión de las video-conferencias que nos han convocado durante dos años a estudiar, elaborar e investigar sobre la noción de Extimidad propuesta por J.A. Miller en su seminario.

En esta ocasión, se trabajarán los capítulos: 
XXV.- El Otro y la Cosa
XXVI.- La consistencia lógica de a

La transmisión se realizará desde la ciudad de México, el día sábado 29 de septiembre de 2012. La realización del Seminario Itinerante Clínico, constituye un lugar de encuentro privilegiado para el trabajo y la construcción de la Escuela Una, en el marco de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP).

domingo, 16 de septiembre de 2012

Política y psicoanálisis: perspectivas

Laura Arciniegas Sánchez

Para introducir la cuestión de una posible articulación entre política y psicoanálisis es necesario plantear por lo menos dos perspectivas. Una subraya el lugar posible del psicoanálisis en el mundo contemporáneo, donde el orden simbólico no es más lo que era. Aquí se trataría del lugar político del psicoanálisis en el mundo. La otra, ubica en sí misma la política propia del psicoanálisis, es decir la que hace a los fines del psicoanálisis: tanto a la finalidad como a la terminación, es decir al Pase.


La primera no es posible sin la segunda, pues solo en tanto haya analista, capaz de hacer valer en cada momento, en cada lugar y en cada contingencia el valor ético de su presencia en el mundo, siempre un poco “a contracorriente”, será posible que el psicoanálisis como práctica ética, como discurso, continúe su presencia de manera renovada. Es ella, la política del psicoanálisis la que orientará la construcción de nuevos lazos, alianzas, acciones y actos para hacer del psicoanálisis una práctica posible en este siglo XXI. Tener en cuenta los datos exteriores al mundo psicoanalítico, se hace hoy más necesario, pues se trata ahora del porvenir, de las posibilidades del psicoanálisis en el mundo. El discurso analítico no puede desconocer su estado, ni el alcance de los discursos imperantes, con los que tiene que vérselas en cada época.

Que haya analista, deseo del analista, posibilitará un trabajo en cada lugar, en cada contexto particular para asegurar esa presencia, una que cada vez reclama para hacerse más visible y más audible, pero también para aportar algo a eso que llamamos el mundo contemporáneo. En este sentido, se trata de subrayar la dimensión de las acciones y los actos del analista encaminados a ese fin. Dichos actos, se ubican en un lugar y un espacio determinados, por lo que se requiere considerar que la práctica que se orienta en dicha ética requiere, sin duda, de un espacio civil que permita la pregunta, la libertad de pensamiento, de expresión. Se trata también de velar y propender porque haya las condiciones materiales para esa práctica.


En el texto “Política y psicoanálisis” , texto de referencia principal de este escrito, Miller propone las coordenadas para analizar dicha articulación y subraya la paradoja de la cual hay que partir. Se trata, con el psicoanálisis, de una ética ejercida en sentido opuesto a lo masivo, a lo colectivo, aún cuando se desarrolla en lo social. Dicha ética se orienta en la restitución de la singularidad, de lo incomparable, de lo más propio de cada ser hablante y ello, por la vía que va del síntoma al sinthome. Para ir en esa vía se hace necesario recorrer el camino que va justamente contra las identificaciones, los ideales y los significantes amos, que comandan la vida del sujeto.


Por su parte, la política se orienta justamente en los ideales, las utopías de los sistemas, y procede por identificación a los significantes amos con los que busca atrapar y orientar las acciones del grupo social y de los sujetos que la conforman. He aquí la paradoja de la cual partimos.

 

1. El psicoanálisis, reverso de la política

Se ubica en esta perspectiva un primer planteamiento de Lacan según el cual “el psicoanálisis es el reverso de la política”(1), ya que como se ha planteado, va justamente en contravía de las identificaciones, a las que busca deshacer e interrogar profundamente. Mientras la política busca producir semejantes, grupos, colectividades, y allí está su fuerza, el psicoanálisis apunta a producir la diferencia absoluta, en eso encuentra su lugar y sus posibilidades transformadoras.


2. El inconsciente es la política

Entonces ¿cómo entender la tesis según la cual “el inconsciente es la política”? ¿qué significa? Para orientarnos Miller plantea que ello implica situar al inconsciente en una dimensión transindividual, es decir, se trata de entender que “el inconsciente de un sujeto está estructuralmente coordinado con el discurso del Otro. Ese sujeto no tiene otra realidad, más que la de ser supuesto por los significantes de ese discurso que lo identifican y lo vehiculizan”(2). En otras palabras, el inconsciente se produce en una relación, y en ese sentido es un proceso social, incluye al Otro, como el chiste, pero más aún, como toda formación del inconsciente.

La dimensión política del Otro, “reduce su función a la del significante amo que captura al sujeto y lo consagra a un trabajo, cuyo goce le es robado”(3). Esta no es otra que la estructura del discurso del amo que es también la del inconsciente.


En ese contexto el planteamiento de Miller toma toda su dimensión: “Si el hombre es un animal político es porque es un ser parlante y hablado --un “parlêtre”--,decía Lacan, sujeto del inconsciente, lo que lo consagra a recibir del Otro los significantes que lo dominan, lo representan, y lo desnaturalizan, apagando en él el goce del animal que se le debe suponer, pero del que no se sabe nada, salvo el que se puede entrever en el animal doméstico. Produciéndose un suplemento, ese “plus-de-goce” que hace eco a la plusvalía, y del que toda la cuestión es saber dónde ocurre, en qué lugar, en qué dimensión y quién se lo apropia”(4).

Anudado al discurso del amo, se trata ahora de la política y sus relaciones con el sujeto del Inconsciente. Sujeto que recibe de otro, del discurso que circula en el universo, las palabras que han de dominar su existencia, en tanto lo representan. De allí la falsa antinomia entre lo que sería lo individual y lo social, pues de entrada, para el sujeto humano un otro está ya implicado.

 

3. El psicoanálisis, una ética

“[…] Hay una política del deseo, aunque sea porque la política juega con las identificaciones, y no hay identificaciones que no sostengan a un deseo. Es en ese sentido que el psicoanálisis, él no es una política, sino una ética que se ejerce en sentido contrario”(5).

Develado su carácter subversivo, en tanto su práctica destituye al sujeto de su dominio imaginario, y lo orienta en la vía del deseo y del goce que descubre que lo habita, como el real en juego; el psicoanálisis se plantea finalmente como una ética, cuyo acto apunta a la producción de la diferencia absoluta, léase, a la forma única y singular que un sujeto armó ante el agujero fundamental del “no hay relación sexual” en los seres hablantes.


Se trata ahora de la política propia del psicoanálisis: de sus fines y finalidades. Sin ese objeto analista, que sabe, por su propio proceso analítico, de la forma como ese Otro ha orientado sus acciones y sus decisiones en la vida, no sería posible hacer existir y dar a conocer esa ética, la de las consecuencias, la de los actos, que incluyen, ya no sólo el ámbito personal, y más familiar, sino el de su comunidad, su Escuela, su ciudad, su país.


El deseo, recordemos, es un asunto de horizonte, el que nos permita ubicar el lugar posible del psicoanálisis en el mundo. La ética, no de las intenciones, sino de las consecuencias, releva y descubre el lugar del deseo y más específicamente el deseo del analista.


El devenir analistas. También aquí la orientación lacaniana pone su énfasis en que no es por la vía de la práctica clínica como se deviene analista. No es analizando a otros como se deviene analista. Es por la vía del análisis propio, llevado hasta su final, que el deseo del analista surge, que se produce como algo inédito. No hay otra vía más fundamental que la de analizar y elaborar la relación con el inconsciente propio. Incluso, cuando ya se ha llegado a su fin…eso continúa.


En su presentación del tema de las Jornadas de la ECF en el 2009 tituladas ¿Cómo se deviene analista en los inicios del siglo XXI?, Miller subraya justamente esta orientación. Elige en primera instancia el“devenir” analista al “ser” analista, y ello por el carácter que pretende subrayar: la posición de continuar con el trabajo de analizante, aun cuando ya se haya hecho un final. El AE (Analista de la Escuela) no es otra cosa que alguien que está en condiciones de continuar solo, su trabajo de analizante. “Es continuar sin que sea necesario que el sujeto supuesto saber esté soportado, encarnado por alguien a quien le pagan. Es seguir, si puedo decirlo así, en una relación directa con el sujeto supuesto saber...la mediación que se propone es la Escuela...No se sabría ser analista sin ser analizante. Y no se sabría ser analizante sin transferencia”(6).


Concebida la política del psicoanálisis, la que se dirige a lo singular como resultado de la operación analítica, se trata entonces de cómo operar con ella. Un principio orientador es el que plantea al respecto Miller al decir: “Su mayor principio, y posiblemente el único, es la autonomía del discurso analítico, que mantiene su diferencia absoluta con los otros discursos. Es bueno todo lo que preserva y alimenta esta autonomía, es malo todo lo que la mella, la corroe, la arruina”(7).


El deseo inédito que, en últimas, es lo que constituye al psicoanalista, es con lo que ha de operar en cada circunstancia, en cada ocasión, en cada momento en que se ponga en peligro la autonomía, es decir, lo más propio del discurso analítico. Esta consideración es válida tanto para el interior de la institución analítica, como para su actuar más allá de ella.


Citas

1. J.-A. Miller, “Lacan y la Política”, Psicoanálisis y Política, Grama, Buenos Aires, 2004, p. 21.
2. Ibid., p. 22
3. Ibid., p. 23
4. Ibid., p. 23, 24
5. Ibid., p. 35
6. J.-A. Miller, “Presentación del tema de las Jornadas de la ECF 2009: Cómo se deviene analista en los inicios del siglo XXI”. Publicado en medios virtuales de la AMP.
7. J.-A. Miller, “Perspectiva de política lacaniana”, Freudiana No. 55, Paidós, España, 2009, p. 91