lunes, 23 de julio de 2012

Desorden en lo real


Jacques-Alain Miller

No los haré esperar mucho tiempo con el tema del próximo Congreso. Una nueva serie de tres temas ha empezado con este Congreso sobre "El orden simbólico en el siglo XXI". Será una serie especialmente dedicada al aggiornamento, como se dice en italiano, a la puesta al día de nuestra práctica analítica, de su contexto, de sus condiciones, de sus coordenadas inéditas en el siglo XXI, cuando crece lo que Freud llamó "el malestar en la cultura" y que Lacan descifra como los callejones sin salida de la civilización.
Se trata de dejar atrás el siglo XX, dejarlo detrás de nosotros para renovar nuestra práctica en el mundo, él mismo bastante reestructurado por dos factores históricos, dos discursos: el discurso de la ciencia y el discurso del capitalismo. Son los dos discursos prevalentes de la modernidad que desde el inicio, desde la aparición de cada uno, han empezado a destruir la estructura tradicional de la experiencia humana. La dominación combinada de los dos discursos, cada uno apoyando al otro, ha crecido a un punto tal que esa dominación ha logrado destruir, y tal vez romper, hasta los fundamentos más profundos de dicha tradición.
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Eso lo hemos visto en estos días con el tremendo cambio del orden simbólico, cuya piedra angular, es decir el Nombre del Padre, se ha resquebrajado. La piedra angular que es, como lo dice Lacan con extrema precisión, el Nombre del Padre según la tradición. El Nombre del Padre según la tradición ha sido tocado, ha sido devaluado por la combinación de los dos discursos, el de la ciencia y el del capitalismo. El Nombre del Padre, famosa función clave de la primera enseñanza de Lacan, de la que ahora puede decirse que es una función reconocida a través de todo el campo analítico, sea lacaniano o no.
El Nombre del Padre, función clave, el mismo Lacan la ha rebajado, depreciado en el transcurso de su enseñanza, terminando por hacer del Nombre del Padre nada más que unsinthome. Es decir, una suplencia de un agujero. Se puede decir en este ámbito, en esta asamblea -haciendo un cortocircuito-, que ese agujero colmado por el síntoma-Nombre del Padre es la inexistencia de la proporción sexual en la especie humana, la especie de los seres vivientes que hablan. Y el rebajamiento del Nombre del Padre en la clínica introduce una perspectiva inédita que Lacan expresa diciendo: "Todo el mundo es loco, es decir, delirante". No es un chiste. Traduce la extensión de la categoría de la locura a todos los hablantes: que todos padecen de la misma carencia de saber respecto de qué hacer con la sexualidad. Esa frase, ese aforismo, apunta a lo que comparten las llamadas estructuras clínicas: neurosis, psicosis, perversión. Y, por supuesto, hace temblar, sacude la diferencia entre neurosis y psicosis que era, hasta ahora, la base del diagnóstico psicoanalítico, tema inagotable de las enseñanzas.
Para el próximo Congreso propongo adentrarnos más en las consecuencias de dicha perspectiva estudiando lo real en el siglo XXI.
De esa palabra, "lo real", Lacan hace un uso que le es propio, que no siempre ha sido el mismo y que deberemos esclarecer para nosotros. Pero creo que hay una manera de decirlo que tiene una suerte de evidencia intuitiva para cada uno, para cada uno de los que viven en el siglo XXI, más allá de nosotros, lacanianos. Por lo menos, es una suerte de evidencia para los que han sido formados en el Siglo XX y que ahora, por un cierto tiempo, pertenecen al siglo XXI.
Hay un gran desorden en lo real.
Bien. Es esa fórmula misma la que propongo para el Congreso de París 2014: Un gran desorden en lo real en el siglo XXI.
Y quiero comunicarles ahora los primeros pensamientos que me provoca esta fórmula, este título, cuya formulación encontré hace dos días. Son pensamientos arriesgados, para lanzar nuestra conversación de la Escuela Una, que durará dos años, y no, por supuesto, para cerrar esa discusión.
El primer pensamiento que se me ocurrió al respecto, lo he acogido como estaba, es el siguiente: antaño lo real se llamaba la naturaleza. La naturaleza era el nombre de lo real cuando no había desorden en lo real.
Cuando la naturaleza era el nombre de lo real, se podría decir, como lo hizo Lacan, que lo realsiempre vuelve al mismo lugar. Solamente en esa época en la cual lo real se disfrazaba de naturaleza, lo real parecía la manifestación más evidente y más elevada del concepto mismo de orden.
Y al retorno de lo real en el mismo lugar, Lacan le oponía, por supuesto, el significante, en tanto que lo que lo caracteriza es el desplazamiento, la Enstellung -como decía Freud. El significante se conecta, se sustituye de modo metafórico o de modo metonímico y siempre vuelve en lugares inesperados, sorprendentes.
Por el contrario, lo real -en dicha época, cuando se confundía con la naturaleza- se caracterizaba por no sorprender. Se podía esperar tranquilamente su aparición en el mismo lugar, en la misma fecha. Lo indican los ejemplos de Lacan para ilustrar el retorno de lo real en el mismo lugar. Sus ejemplos son el retorno anual de las estaciones, el espectáculo del cielo y de los astros.
En eso se ha apoyado, por ejemplo, toda la antigüedad, los rituales de China que utilizan, por supuesto, los cálculos matemáticos sobre la medición de los astros, etcétera.
Se puede decir que en dicha época, lo real en tanto que naturaleza tenía la función del Otro del Otro. Es decir que lo real era la garantía misma del orden simbólico.
Así, la agitación retórica del significante en el decir humano, se hará encuadrar por una trama de significantes fijos como los astros. La naturaleza -esa es su definición misma- se define por estar ordenada, es decir, por la conjunción de lo simbólico y de lo real. A tal punto que, según la tradición más antigua, todo orden en lo humano debía imitar al orden natural. Y se sabe bien, por ejemplo, que la familia como formación natural servía de modelo a la puesta en orden de los grupos humanos y el Nombre del Padre era la clave de lo real simbolizado.
Los ejemplos de ese papel de la naturaleza no faltan en la historia de las ideas. Hay tanta abundancia y tan poco tiempo, que no me explayaré hoy. Son cosas a investigar. Investigar la historia de la idea de naturaleza, con la fórmula de que la naturaleza era lo real, el orden. Por ejemplo, el mundo que en la física de Aristóteles se ordena en dos dimensiones invariables: el mundo de arriba, separado del mundo sublunar, como se dice, y cada ser buscando su lugar propio. Es así que funciona esa física, que es una tópica, es decir, un conjunto de lugares bien fijados.
Con la entrada del Dios de la creación, vamos a decir del Dios Cristiano, el orden sigue en vigencia en tanto que la naturaleza creada por Dios responde a su voluntad. Está el orden divino, aunque no existe más la separación de los dos mundos aristotélicos; el orden divino que es como una ley promulgada por Dios y encarnada en la naturaleza.
De ahí se impone el concepto de ley natural. Y hay que ver un poco del lado de Santo Tomás de Aquino, su definición de ley natural, que da lugar a una suerte de imperativo. Lo vamos a decir en latín noli tangere, "No tocar a la naturaleza". Porque existía el sentimiento de que se podía tocar a la naturaleza, que hay actos humanos que van en contra de la ley natural, en particular actos de bestialidad, y en contra de eso, el imperativo de no tocar a la naturaleza.
Debo decir, aunque quizás no es el sentimiento de la mayoría aquí, que considero admirable cómo aún hoy la Iglesia Católica lucha para proteger a lo real, al orden natural de lo real, en cosas de la reproducción, de la sexualidad, de la familia, etc. Por supuesto, son elementos anacrónicos, pero que testimonian la duración, de la solidez de ese discurso antiguo. Se podría decir que es admirable como causa perdida, porque todo el mundo siente que lo real se ha escapado de la naturaleza.
Desde el inicio la Iglesia había percibido que el discurso de la ciencia iba a tocar a lo real que ella protegía como naturaleza. Pero no bastaba encarcelar a Galileo para detener la irresistible dinámica científica.
Tal como no es, no bastaba calificar de turpitudo -en latín-, la avidez del provecho de la ganancia para detener la dinámica del capitalismo. Es Santo Tomás quien utiliza la palabra latina turpitudo para el progreso.
¿Causa perdida? Lacan decía también que la causa de la Iglesia anunciaba quizás un triunfo. ¿Por qué? Porque lo real, emancipado de la naturaleza, es tanto peor que se vuelve cada vez más insoportable. Hay como una nostalgia del orden perdido que, aunque no se pueda recuperar, sigue vigente como
ilusión.Antes de la aparición misma del discurso de la ciencia se nota la emergencia de un deseo de tocar lo real. Bajo la forma de actuar sobre la naturaleza: hacerla obedecer, movilizar y utilizar su potencia. ¿Cómo? Antes de la ciencia, un siglo antes de la aparición del discurso científico, ese deseo se manifestaba en lo que se llamó la magia. La magia es otra cosa que el truco del escamoteador que convocamos para distraer a los niños.
Lacan la considera tan importante que en el último texto de los Escritos, "La ciencia y la verdad", inscribe la magia como una de las cuatro condiciones fundamentales de la verdad: magia, religión, ciencia y psicoanálisis. Cuatro términos que anticipan algo de los famosos "cuatro discursos".
A la magia la define como la llamada directa al significante que está en la naturaleza a partir del significante de la encantación. El mago habla para hacer hablar a la naturaleza, para perturbarla, y eso es ya infringir el orden divino de lo real, de tal manera que se persiguió a los magos en tanto que la magia era como una brujería.
Pero esta magia, la moda de la magia, era como la expresión ya de un anhelo hacia el discurso científico. Esa ha sido la tesis de la erudita Frances Yates que considera que el hermetismo preparó al discurso científico. Y es un hecho histórico que Newton, él mismo, fue un distinguido alquimista. Escribió sobre Keynes, el economista, diciendo que Newton había pasado más años en la alquimia que en las leyes de la gravitación. Digo esto como cosas para estudiar, esa rama de la historia de la ciencia. Pero seguiremos más bien a Alexandre Koyré que insiste sobre la diferencia: la magia hace hablar a la naturaleza mientras que la ciencia la hace callarse.
Magia es encantación, ocultación, retórica. Con la ciencia uno pasa de la palabra hacia la escritura, conforme al dicho de Galileo: "la naturaleza está escrita en lenguaje matemático".
Hay que recordar que en el extremo final de su enseñanza, Lacan no dudaba en preguntarse si el psicoanálisis -cuando ya no tenía la ambición de volver científico al psicoanálisis- no sería una suerte de magia. Lo dice una vez, pero es un eco a considerar.
Con eso empieza por supuesto una mutación de la naturaleza, y la podemos expresar con el aforismo de Lacan: "hay un saber en lo real".
Esa es la novedad: algo está escrito dentro de la naturaleza.
Se continuó hablando de Dios y de la naturaleza, pero Dios no es nada más que un Sujeto-Supuesto-Saber, un Sujeto-Supuesto al Saber en lo real. La metafísica del siglo XVII describe un Dios del saber que calcula, lo dice Leibnitz, o bien que se confunde con ese cálculo, lo dice Spinoza. En todos los casos se trata de un Dios matematizado.
Diré que la referencia a Dios ha permitido, velando la vieja ilusión de Dios, el pasaje del cosmos finito al universo infinito. Con el universo infinito de la física-matemática, la naturaleza desaparece, se vuelve -con los filósofos del Siglo XVIII- solamente una instancia moral. Con el universo infinito la naturaleza desaparece y empieza a develarse lo real.
Me he interrogado sobre la fórmula "hay un saber en lo real". Sería una tentación decir que el inconsciente está en ese nivel. Pero por el contrario, la suposición de un saber en lo real me parece un último velo que hay que levantar. Si hay un saber en lo real, hay una regularidad que el saber científico permite prever. El saber científico permite prever, está orgulloso de prever, en tanto que eso demuestra la existencia de leyes, y no se necesita un enunciador divino de esas leyes para que sigan vigentes. Y es a través de esa idea de leyes que se ha detenido la vieja idea de la naturaleza en la expresión misma "las leyes de la naturaleza".
Einstein, como lo relata Lacan, se refería a un Dios honesto que rechaza todo azar. Era su manera de oponerse a las consecuencias de la física cuántica de Max Planck; era, en Einstein, una tentativa de retener el discurso de la ciencia y la revelación de lo real.
Poco a poco, la física ha debido dar lugar a la incertidumbre entre economías como al azar. Es decir, más bien un conjunto de nociones que amenazan al Sujeto-Supuesto-Saber.
No se ha podido, tampoco, hacer equivalentes lo real y la materia. Con la física subatómica los niveles de la materia se multiplican y, vamos a decir, el la de la materia como el la de la mujer, se desvanece.
Quizás puedo arriesgar aquí un cortocircuito. Con respecto a la importancia de las leyes de la naturaleza se entiende el eco tremendo que debería tener el aforismo de Lacan: "lo real es sin ley". Esa es la fórmula que da testimonio de una ruptura total entre naturaleza y real. Es una fórmula que corta decididamente la conexión entre la naturaleza y lo real. Ataca a la inclusión del saber en lo real que mantiene la subordinación al Sujeto Supuesto Saber.
En el psicoanálisis no hay saber en lo real. El saber es una elucubración sobre lo real, un real despojado de todo Supuesto-Saber. Por lo menos eso es lo que Lacan inventó como lo real, hasta el punto de preguntarse si eso no era su síntoma, si eso no era la piedra angular que lo hacía mantener la coherencia de su enseñanza.
Lo real como sin ley parece impensable. Es una idea límite que primero quiere decir que lo real es sin ley natural. Por ejemplo, todo lo que había sido el orden inmutable de la reproducción, todo está en movimiento, en transformación. Ya sea a nivel de la sexualidad o de la constitución del ser viviente humano con todas las perspectivas que aparecen ahora en el siglo XXI de mejorar la biología de la especie.
El siglo XXI se anuncia como el gran siglo de la bioengineering que dará ocasión a todas las tentaciones de eugenismo. Y la mejor descripción de lo que experimentamos ahora con evidencia ya sigue lo que Karl Marx ha dicho en su Manifiesto Comunista sobre los efectos revolucionarios del discurso del capitalismo, sobre los efectos revolucionarios en la civilización.
Me gustaría leer algunas frases de Marx que ayudan a una reflexión sobre lo real:
"La burguesía no puede existir sino a condición de revolucionar incesantemente los instrumentos de producción" y con ellos "todas las relaciones sociales." Hay una "incesante conmoción de todas las condiciones sociales", una inquietud en un movimiento constante."Todas las relaciones estancadas y enmohecidas con su cortejo de creencias y de ideas veneradas durante siglos quedan rotas (…)". La mejor expresión de la ruptura con la tradición: "Todo lo sólido se desvanece en el aire. Todo lo sagrado es profanado (…)"
Diré que el capitalismo plus ciencia se han combinado para hacer desaparecer a la naturaleza y lo que queda del desvanecimiento de la naturaleza es lo que llamamos lo real, es decir, un resto, por estructura, desordenado. Se toca a lo real por todas partes según los avances del binario capitalismo-ciencia, de manera desordenada, azarosa, sin que se pueda recuperar una idea de armonía.
Hubo un tiempo, en el que Lacan enseñaba el inconsciente como un saber en lo real, cuando lo decía estructurado como un lenguaje. En esa época, buscaba leyes, las leyes de la palabra, a partir de la estructura del reconocimiento de Hegel: reconocer para ser reconocido.
Las leyes del significante, la relación de causa y efecto entre significante y significado, entre metáfora y metonimia. También lo presentaba, ordenaba ese saber en grafos, bajo la preeminencia del Nombre del Padre en la clínica y bajo el ordenamiento fálico de la libido.
Pero luego se abrió a otra dimensión con lalengua en tanto que hay leyes del lenguaje pero no hay leyes de la dispersión y de la diversidad de las lenguas. Cada lengua está formada por contingencias, por azar. En esa dimensión, el inconsciente tradicional -para nosotros el inconsciente freudiano- se nos aparece como una elucubración de saber sobre un real.Vamos a decir, una elucubración transferencial de saber, cuando se superpone a ese real la función del Sujeto-Supuesto-Saber que se presta a encarnar otro ser viviente. Es el inconsciente, si se puede poner en orden, en tanto que discurso, pero solamente en la experiencia analítica. Diré que la elucubración transferencial consiste en dar sentido a la libido, que es la condición para que el inconsciente sea interpretable. Supone una interpretación previa, es decir, que el inconsciente mismo interpreta.
¿Qué interpreta el inconsciente? Para poder dar respuesta a esta pregunta hay que introducir un término, una palabra. Esa palabra es "lo real".
En la transferencia se introduce el Sujeto Supuesto Saber para interpretar a lo real. Desde ahí se constituye un saber no en lo real pero sobre lo real. Aquí ubicamos el aforismo: "lo real no tiene sentido". El no tener sentido es un criterio de lo real, en tanto que es cuando uno ha llegado a lo fuera de sentido que puede pensar que ha salido de las ficciones producidas por un querer-decir. "Lo real no tiene sentido" es equivalente a lo realno responde a ningún querer-decir. Se le escapa el sentido. Hay donación de sentido a través de la elucubración fantasmática.
Los testimonios del pase, esas joyas de nuestros Congresos, son relatos de la elucubración fantasmática de uno, y de cómo se expresa y se rehace la experiencia analítica para reducirse a un núcleo, a un pobre real, que se desdibuja como el puro encuentro conlalengua y sus efectos de goce en el cuerpo. Se desdibuja como un puro shock pulsional.
Lo real, entendido así, no es un cosmos, no es un mundo, tampoco un orden, es un trozo, un fragmento asistemático en tanto que separado del saber ficcional que se produce a partir de ese encuentro. Y ese encuentro de lalengua y del cuerpo no responde a ninguna ley previa, es contingente y siempre aparece perverso. Es ese encuentro y sus consecuencias, porque ese encuentro se traduce por un desvío del goce con respecto a lo que el goce debería ser, que es lo que sigue vigente como sueño.
Lo real inventado por Lacan no es lo real de la ciencia. Es un real azaroso, contingente, en tanto que falta la ley natural de la relación entre los sexos. Es un agujero en el saber incluido en lo real.
Lacan ha utilizado el lenguaje matemático que es lo más favorable a la ciencia. En las fórmulas de la sexuación, por ejemplo, ha tratado de captar los callejones sin salida de la sexualidad en una trama de lógica matemática. Y eso ha sido como una tentativa heroica de hacer del psicoanálisis una ciencia de lo real como lo es la lógica.
Pero eso no se puede hacer sin encarcelar el goce en la función fálica, en un símbolo. Implica una simbolización de lo real, implica referirse al binario hombre-mujer como si los seres vivientes pudieran estar repartidos tan nítidamente, cuando ya vemos en lo real del siglo XXI un desorden creciente de la sexuación.
Eso es una construcción secundaria que interviene después del choque inicial del cuerpo conlalengua, que constituye un real sin ley, sin regla lógica. La lógica se introduce solamente después, con la elucubración, el fantasma, el Sujeto Supuesto Saber y el psicoanálisis.
Hasta ahora bajo la inspiración del siglo XX nuestros casos clínicos tal como los expresamos, son construcciones lógico clínicas bajo transferencia. Pero la relación causa-efecto es un prejuicio científico apoyado en el Sujeto Supuesto Saber. La relación causa-efecto no vale al nivel de lo real sin ley, no vale sino con una ruptura entre causa y efecto.
Lacan lo decía como un chiste: "si uno entiende cómo funciona la interpretación, no es una interpretación analítica". En el psicoanálisis, tal como Lacan nos invita a practicarlo, se experimenta la ruptura del vínculo causa-efecto, la opacidad del vínculo, y es por eso que hablamos de inconsciente.
Voy a decirlo de otra manera. El psicoanálisis transcurre a nivel de lo reprimido y de la interpretación de lo reprimido gracias al Sujeto Supuesto Saber. Pero en el siglo XXI se trata para el psicoanálisis de explorar otra dimensión: la de la defensa contra lo real sin ley y sin sentido. Lacan indica esa dirección con su noción de lo real tal como lo hace Freud con el concepto mítico de la pulsión. El inconsciente lacaniano, el del último Lacan, está al nivel de lo real, vamos a decir por comodidad, "debajo" del inconsciente freudiano. De tal manera que, para entrar en el Siglo XXI, nuestra clínica deberá centrarse sobre el desbaratar la defensa, desordenar la defensa contra lo real.
En un análisis el inconsciente transferencial es una defensa contra lo real. Porque en el inconsciente transferencial sigue vigente una intención, un querer decir, un querer que me diga algo cuando el inconsciente real no es intencional, sino que se encuentra bajo la modalidad del "Así es". Que, se puede decir, es como nuestro "Amén".
Varias preguntas se abrirán para nosotros en el próximo Congreso: la redefinición del deseo del analista, que no es un deseo puro como dice Lacan, no es una pura metonimia infinita, sino que se nos aparece como un deseo de llegar a lo real, de reducir al otro a su real y liberarlo del sentido.
Agregaré que Lacan intentó representar lo real como nudo borromeo. Nos preguntaremos: ¿qué vale esa representación? ¿Para qué nos sirve ahora? A Lacan, ese nudo, la pasión por el nudo borromeo, le sirvió para llegar a esa zona irremediable de la existencia, la misma zona que Edipo en Colona, donde se presenta la ausencia absoluta de caridad, de fraternidad, de cualquier sentimiento humano.
Ahí nos lleva la búsqueda de lo real despojado de sentido.

Gracias
Buenos Aires, 26 de abril de 2012.