Apuntes para un trabajo sobre la autoridad*

Hebe Tizio

Hablar de nuevas formas de autoridad auténtica y establecer su relación con la familia resulta difícil, como lo es siempre que uno se refiere a lo que toca el momento en que se vive porque no hay la distancia suficiente para reflexionar.

El tema de la autoridad me preocupa desde hace tiempo porque es un lugar común decir que hay “falta de autoridad” y que por eso hay problemas con los adolescentes y niños de hoy, no sólo en el ámbito familiar. Ni que decir que los tiempos moralizadores que vivimos abundan en esta línea y las supuestas soluciones que se ofrecen tematizan retornos autoritarios. Esta orientación hace recaer todo el peso en los sujetos que supuestamente necesitarían el tratamiento de una mano más firme. Creo que no se trata de “falta de autoridad” sino de una autoridad diferente y sobre esto el psicoanálisis tiene algo que decir.

Se podría hacer la historia de la humanidad a partir de las diferentes modalidades que ha asumido la relación autoridad-poder. En ese proceso, determinado por los cambios de discurso, se han ido desnudando poco a poco los velos de la sacralidad y separando la autoridad y el poder.

Para occidente ese movimiento ha seguido los avatares de la función del padre, y ahora la cuestión se juega en relación al núcleo de la autoridad, ¿qué es lo verdaderamente auténtico de la autoridad? No es lo mismo obedecer por temor al castigo que dejarse orientar. Efectivamente se puede hablar de la necesidad de una orientación en la vida y, cuando esto falta, de sujetos desorientados. Hay que recordar que el término orientación hace referencia a determinar la posición o dirección de algo respecto a un punto cardinal. Y que viene de orientar que deriva de oriente del latín orĭens, -entis, part. act. de orīri-, aparecer, nacer.

Se trata de una autoridad que oriente en relación al punto cardinal del sujeto y no del autoritarismo del castigo. Hoy el castigo casi no tiene efecto, no existe lo ejemplificador porque no se sacan consecuencias. Por eso es interesante estudiar las nuevas formas disciplinarias en la época de lo “políticamente correcto” como, por ejemplo, el uso que se hace de la medicación.

¿Se trata de pérdida de autoridad o de la pérdida del poder que muestra lo que hay detrás de ese velo? ¿Cómo se sostiene la autoridad sin el poder directo? Porque el poder directo hace que el sujeto obedezca, pero esto no es lo mismo que el consentimiento. El psicoanálisis, por el momento en que surge, interroga las bases de la autoridad y el poder. El psicoanálisis introduce una nueva autoridad, pues pone en primer plano la transferencia y el mandar no como amo sino como resto.

El núcleo mismo de la autoridad no está en el poder sino en el deseo puesto en juego, en la satisfacción que produce una función bien estructurada sintomáticamente pues permite sostener un agujero.

La autoridad implica el reconocimiento del Otro, es lo que la diferencia del autoritarismo. Pero no se trata de la demanda de reconocimiento que siempre desautoriza, sino del reconocimiento causado, efecto que viene por añadidura, porque se hace lo que se cree que se debe hacer para sostener la función de manera competente. Dicho en otros términos, no hay autoridad sin transferencia, y lo que se transmite es la fortaleza del propio anudamiento sintomático que sostiene agujeros que permiten inventar.

La familia es la institución encargada de la operación civilizadora sobre el goce y encarna así al Otro regulador que realizaría una transmisión adaptativa siempre traumática. ¿Cómo se hace esta operación? El psicoanálisis pone de manifiesto que hay un aspecto irreductible de la transmisión. Se trata de la función de residuo que se juega en la necesidad de un deseo que no sea anónimo para humanizar al viviente.
Los niños y jóvenes de hoy --que se orientan más por el objeto, que buscan la información en Internet--, saben reconocer que la única garantía de la autoridad es el deseo. Muchos de sus rechazos son respuestas a las formas anacrónicas que velan un deseo muerto que se traduce muchas veces en odio. En realidad, buscan despertar en el otro el punto vivo pues necesitan la ayuda de una orientación y por ello son muchos los que consienten al análisis.

Se trataría de pensar una autoridad instrumento, pragmática y flexible, que puede dar elementos para que cada uno haga su propio trabajo, encuentre su propio tema que es una forma de trabajar su síntoma, pues es una autoridad del lado de la autorización. Esto es lo que responsabiliza pues permite construir.

Como resultado de este trabajo se me vuelve a platear la cuestión de la formación del analista y creo poder entender mejor por qué Lacan hablaba de su posición de analizante en su Seminario, y se preguntaba de dónde viene eso, “esa enseñanza cuyo efecto soy”. Con ello señalaba que se autorizaba a ser efecto de su síntoma y esta autorización generaba transferencia.

* Resumen de la alocución de la autora en el espacio de la Comunitat de Catalunya de la ELP “Hacia las VII Jornadas de la ELP”.