viernes, 3 de octubre de 2014

Vencer el rechazo a lo femenino, un obstáculo para hombres y mujeres


      Artista: Ray Caesar

Por: Florencia Reali


En Análisis terminable e interminable Freud escribe lo siguiente:
“En ningún momento del trabajo psicoanalítico se sufre más de un sentimiento opresivo de que los repetidos esfuerzos han sido vanos y se sospecha que se ha estado «predicando en el desierto» que cuando se intenta persuadir a una mujer de que abandone su deseo de un pene porque es irrealizable, o cuando se quiere convencer a un hombre de que una actitud pasiva hacia los varones no siempre significa la castración y es indispensable en muchas relaciones de la vida.” [1]
En este párrafo, Freud habla sobre la resistencia en análisis y el rechazo a la feminidad. Apunta a algo que en el siglo XXI toma cada vez más fuerza dentro de la orientación Lacaniana, y es la idea de que el éxito en análisis depende, en parte, de un giro hacia la posición femenina. La enseñanza de Freud, marcada por el superyó de la época, ha sostenido al padre. Sin embargo, en 1937, Freud nos advertía que había que dejar caer algo de lo masculino, es decir, que para lograr una cura es importante vencer el rechazo a la feminidad. En otro párrafo de Análisis T e I, Freud dice:
“Con frecuencia tenemos la impresión de que con el deseo de un pene y la protesta masculina hemos penetrado a través de todos los estratos psicológicos y hemos llegado a la roca viva, y que, por tanto, nuestras actividades han llegado a su fin. … El rechazo de la feminidad puede no ser otra cosa que un hecho biológico, una parte del gran enigma de la sexualidad. Sería difícil decir sí y cuándo hemos logrado domeñar este factor en un tratamiento psicoanalítico”[2]
¿Cómo se entiende hoy el rechazo de la feminidad?  En La significación del falo, Lacan retoma a Freud y afirma que de todo análisis quedan secuelas que resultan del complejo de castración en el inconsciente masculino y del penisneid en el inconsciente de la mujer. Freud ya notaba la importancia de vencer estas resistencias, pero no sabía muy bien cómo hacerlo. Lo femenino para Freud era un misterio, en parte porque la sexualidad femenina no encajaba del todo en la lógica edípica. Lacan da un paso más y orienta la cura, sobre todo hacia el final de su enseñanza, advirtiendo la importancia de que el analizante, ya sea hombre o mujer, avance hacia la posición del no-todo femenino.  Éste es un movimiento orientado entonces hacia un goce diferente, más allá de la lógica fálica. Lacan va más allá del Edipo y para ello se sirve de las fórmulas de la sexuación. Allí se formaliza un goce donde el sujeto hablante, hombre o mujer, está no-todo inscrito en la función fálica.
¿Cómo es posible acceder a una posición más femenina en análisis? Ésta es una pregunta clínica. Lacan nos orienta, por el dado del goce y nos da una pista: el goce femenino apunta a algo que queda por fuera del sentido. Los testimonios del pase nos enseñan que hacia el final de análisis el analizante se encuentra con significantes vaciados de sentido.  Entonces, el atravesamiento del fantasma, el más allá del Edipo para Freud, depende de dar un paso más allá del simbólico: se produce un encuentro con la marca del significante sobre el cuerpo. ¿Pero que tiene que ver este “por fuera del sentido” con la mujer? La mujer, dice Lacan es no-toda y por lo tanto, no puede escribirse completamente en el simbólico. Algo de la mujer queda por fuera del sentido, porque es no-toda. Y es ése vaciamiento de sentido es lo que permite el encuentro del significante y el cuerpo y la construcción de un sinthome. Ese, entonces, es el giro hacia lo femenino.
En un artículo reciente, publicado en Bitácora Lacaniana, Silvia Salman propone que es posible inventar una mujer mediante la experiencia de análisis. La formula “la mujer no existe” de Lacan resulta útil para orientar la cura. Como explica Salman,  el “no hay”, el “no existe” dan lugar a un vacío que permite una invención y la aparición de lo singular. A este movimiento hacia lo singular apuntaba Freud también cuando planteaba las condiciones para un análisis exitoso: era necesario vencer las resistencias del rechazo a lo femenino. Porque sólo desde el no-todo, lugar femenino, podemos inventar ese uno-por-uno tan particular de cada cual.
Es importante distinguir el giro hacia la posición femenina en análisis de la noción de feminización del mundo de la que nos habla Miller en El ser y el Uno.  La feminización del mundo describe la desregularización de lo real que remite a los excesos de la época y sus consecuencias. Esto se traduce en un exceso de goce, las clínicas de la adicción, el consumo ilimitado, en los síntomas producidos por la caída del simbólico. Por otro lado, y a diferencia de lo anterior, la posición femenina del final de análisis se construye desde el discurso analítico y se orienta hacia una posición subjetiva más abierta a las contingencias, menos condicionada por la repetición, una posición más viva y corporal.

¿La invención del uno-por-uno en análisis, es igual para el hombre y en la mujer?
Para llegar una posición de no-todo, Freud nos adelanta que es necesario que el hombre sea capaz vencer la amenaza de castración y la mujer el penisneid. En La Organización genital infantil (catorce años antes de Análisis terminable e interminable), Freud distinguía a los dos sexos de acuerdo a la lógica de tener fálico: el varón lo tiene mientras que la niña no. En la significación del falo, Lacan le da una vuelta más a esto y plantea que la solución femenina no es por la vía del tener sino por la vía del ser (el falo).
Es decir, que al igual que el hombre, la mujer participa de la relación al falo. Porque tanto el tener o ser el falo son soluciones que el sujeto encuentra frente al encuentro con la castración, el encuentro con la falta en el Otro. Entonces, el giro hacia lo femenino depende, tanto en el hombre como en la mujer, de la aceptación del límite fálico, de un saber hacer con la amenaza de castración o el penisneid de los que nos hablaba Freud.
Retomando la pregunta sobre el éxito en análisis, Lacan nos enseña que se trata de apuntar a un deseo singular, de inventarse el uno-por-uno en análisis. Y retomando el párrafo de Freud: para vérselas con el deseo singular hay que antes vencer el rechazo a lo femenino. El atravesamiento del fantasma, el encuentro con lo singular, el acceso a la posición femenina, todo eso depende de haber podido arreglárselas con las amenazas de castración particulares de cada cual. Sobre eso nos advertía Freud.   
Termino con una frase de Lacan, seminario 23: "Me permito afirmar que el sinthome es precisamente el sexo al que no pertenezco, es decir, una mujer"[3]

[1] Freud, Sigmund, “Análisis terminable e interminable “, Obras Completas, Biblioteca Nueva, 1937.
[2] Freud, Sigmund, “Análisis terminable e interminable “, Obras Completas, Biblioteca Nueva, 1937.
 [3] Lacan, J., El Seminario, Libro 23, El sinthoma, Editorial Paidós, Bs. As., 2011, p.99.