viernes, 12 de abril de 2013

El olvido de los sueños

(Resumen)

¿Conocemos el sueño que pretendemos interpretar?, ¿lo conocemos tal como fue en realidad? La infidelidad de la memoria, incapaz de conservar el sueño, las partes más significativa de su contenido, mutila lo que recordamos, aquello sobre lo cual se interpreta. Soñamos más de lo que recordamos y sólo recordamos, con inseguridad, fragmentos. El recuerdo refleja infielmente el sueño: ¿es tan coherente como lo contamos?, ¿o lo llenamos con material ad hoc, lo embellecemos y rectificamos? ¿Cómo confiar en un material así modificado?

Para Freud, nada de esto es problema. Elementos ínfimos e inciertos le resultan más interesantes que elementos conservados con mayor nitidez y certidumbre. Además, todo agregado se explica por una derivación particular: en vez de considerarlo trivial o indiferente, se infiere desde allí un segundo enlace de pensamientos en el contenido latente del sueño. Los rasgos más ínfimos, los matices de la expresión lingüística, son indispensables para la interpretación. Entonces, el relato no es una improvisación arbitraria, recompuesta a toda prisa en el aprieto del momento, sino una especie de “texto sagrado” (en el sentido de que hay que atender a su literalidad).

Efectivamente, desfiguramos el sueño en el intento de reproducirlo (elaboración secundaria), pero ello no es sino un fragmento de la elaboración a que son sometidos los pensamientos oníricos a consecuencia de la censura del sueño; una desfiguración más extensa y difícil de asir se ensañó con el sueño ya desde los pensamientos oníricos inconscientes. Quien cree que la elaboración secundaria extravía el conocimiento del sueño, subestima el determinismo psíquico: nada allí es arbitrario, un itinerario de pensamiento siempre toma el comando, aunque esté alejado del designio del momento. Las alteraciones introducidas en la redacción de vigilia mantienen enlace asociativo con el contenido en cuyo lugar se ponen, indican el camino hacia ese contenido que, a su vez, puede ser el sustituto de otro.

Cuando alguien vuelve a contar un sueño, no lo hace con las mismas palabras. Y bien, los lugares donde se modificó la expresión dan a conocer puntos débiles del disfraz del sueño.

La memoria no conoce garantía alguna y, sin embargo, damos más fe a sus indicaciones de lo justificado objetivamente. La resistencia no se ha agotado ni siquiera con los desplazamientos y sustituciones que impuso, por lo cual se adhiere como duda. Entre pensamientos oníricos y sueño sobrevino una total subversión de los valores psíquicos: la desfiguración sólo fue posible por sustracción de valor. Así, cuando a un elemento desdibujado del contenido onírico se le agrega la duda, podemos reconocerlo como un retoño más directo de uno de los pensamientos oníricos proscritos. En el análisis del sueño, Freud exige abandonar toda la escala de apreciaciones de la certidumbre. La duda es un instrumento de la resistencia psíquica.

La sensación de haber soñado mucho y retener poco, ¿no es más bien haber sentido activo el trabajo del sueño que dejó tras de sí un sueño breve? El sueño se olvida a medida que pasa el tiempo (ajenidad entre vigilia y sueño), pero no hay que sobreestimar el alcance de este olvido: el olvido que interesa es el producido por la resistencia. Más que lo carcomido en el contenido del sueño —que poco importa—, el análisis rescata los pensamientos oníricos; en medio del trabajo interpretativo, emergen fragmentos omitidos del sueño, incluso sueños completos de cuya existencia nada se sabía.

El sueño, como otras “operaciones del alma” (formaciones del inconsciente), persiste en la memoria. Freud reencontró y analizó con éxito sueños suyos acaecidos años atrás (lo antiguo estaba incólume en lo actual): había superado en su interioridad muchas resistencias que en aquella época le perturbaban. Con idéntico procedimiento y éxito trató, tanto sueños de la noche anterior, como sueños de años anteriores. El sueño se comporta como un síntoma neurótico: han de esclarecerse antiguos síntomas ya superados, tanto como los que todavía subsisten y que le hacen al paciente acudir a la consulta; a veces la primera tarea es más fácil que la segunda.

Para percibir fenómenos endópticos (a los que ningún motivo psíquico se opone) es preciso ejercitarse. Pero mucho más difícil es entrar en posesión de representaciones involuntarias; para ello, hay que sofrenar críticas, preconceptos, compromisos afectivos o intelectuales; trabajar con tenacidad, pero también con despreocupación por el resultado. La interpretación de un sueño no se consuma de un golpe: un encadenamiento de ocurrencias puede llevar a un impase y, después, un fragmento atrae la atención y se encuentra el acceso a un nuevo estrato o de los pensamientos oníricos. Una interpretación completa, coherente, que dé razón de todos los elementos del contenido del sueño… admite una sobre-interpretación. Muchas ilaciones de pensamiento inconscientes pugnan por expresarse; el trabajo del sueño se vale de expresiones multívocas… Pero no para dar cabida a interpretaciones “trascendentes” y abstractas, que desvían el interés de las raíces pulsionales del sueño. Cuando el sueño trata de figurar pensamientos abstractos (no susceptibles de figuración directa), echando mano de material alegórico menos difícil de figurar, es el analizante mismo quien hace la interpretación abstracta; mientras que la interpretación correcta la hace un analista.

No todo sueño es interpretable. La interpretación tiene en contra los poderes psíquicos responsables de la desfiguración del sueño. Interpretar es, entonces, un asunto de relación de fuerzas.

Las urdimbres de sueños tienen terrenos comunes y juegan al centro y a la periferia, al complemento, a la secuencia, a la puntuación.

 

“Aún en los sueños mejor interpretados, es preciso dejar un lugar en sombras, porque se observa que de ahí arranca una madeja de pensamientos oníricos que no se dejan desenredar, pero que tampoco han hecho otras contribuciones al contenido del sueño. Entonces ese es el ombligo del sueño, el lugar en el que él se asienta en lo no conocido. Los pensamientos oníricos con que nos topamos a raíz de la interpretación permanecen sin clausura alguna y desbordan en todas las direcciones dentro de la enmarañada red en nuestro mundo de pensamientos. Y desde un lugar más espeso de ese tejido se eleva luego el deseo del sueño”.

 

La vida de vigilia muestra el propósito de olvidar el sueño como un todo, tras el despertar, o bien fragmento a fragmento, durante el día. Pero, entonces, ¿qué posibilitó que el sueño se formara en contra de esa resistencia? De haber reinado la resistencia durante la noche —como lo hace durante el día—, el sueño no habría sobrevenido. Entonces, por la noche, la resistencia pierde parte de su poder; no fue cancelada, pues participa en la desfiguración onírica. Una vez despiertos, vuelve a eliminar lo que se vio forzada a admitir mientras estaba disminuida. El estado del dormir posibilita la formación del sueño por cuanto rebaja la censura endopsíquica.

Para interpretar sueños, se desechan las representaciones-meta que presiden la reflexión; luego se atiende a un único elemento para dar lugar pensamientos involuntarios que sobre él aparezcan; así, elemento por elemento, sin que importe la dirección en que van los pensamientos; al final, se da con los pensamientos oníricos de los cuales nació el sueño. Pero, con asociaciones y sin rumbo, ¿se puede dar con los pensamientos oníricos?, ¿no es un autoengaño? Seguir una cadena de asociaciones y luego tomar otro elemento, ¿no elimina la libertad de asociación al conservarse todavía la memoria de la primera cadena de pensamientos?; así, con pensamientos intermedios, se haría una combinación y, sin verificación alguna, se presenta como el sustituto psíquico del sueño. ¿No es esto es arbitrario, un aprovechamiento ingenioso del azar?

Para Freud, no: por azar no se podría interpretar el sueño. El procedimiento es idéntico al que se sigue en la resolución de síntomas histéricos, certificada por la desaparición de los síntomas. En realidad, al resignar la reflexión y dejar emerger representaciones involuntarias, no nos entregamos a un decurso de representaciones sin meta. Sólo renunciamos a representaciones-meta conocidas; cuando ellas cesan, cobran valimiento representaciones-meta inconscientes que determinan el decurso de las representaciones involuntarias. En ninguna patología hay un discurrir sin reglas, carente de representaciones-meta, de los pensamientos; aún los delirios están provistos de sentido (el hecho de que nos resulten incomprensibles es sólo por sus omisiones). Una censura que no encubre su reinado no remodela nada y elimina sin miramientos todo aquello que suscita su veto. Cuando un elemento psíquico se enlaza con otro por una asociación chocante y superficial, existe entre ambos un enlace correcto que cala más hondo, sometido a la resistencia de la censura.

El predominio de las asociaciones superficiales se da cuando no hay cancelación de las representaciones-meta y cuando hay presión de la censura. Así, sustituyen en la figuración a las profundas cuando son intransitables las vías de conexión.

Si dos pensamientos no suscitan veto, pero sí su relación, pueden entrar a la conciencia sucesivamente; y como la relación permanece oculta, se nos ocurre un enlace superficial entre ellos. Y si cada pensamiento es censurable por su contenido, cada uno aparece modificado; así, los pensamientos sustitutivos reflejan, merced a una asociación superficial, la conexión esencial. En ambos casos, la censura produce el desplazamiento desde una asociación normal y seria a otra superficial y que parece absurda. Por ello, la interpretación de los sueños confía también en las asociaciones superficiales.

Representaciones-meta que no se pueden deponer: relativas al tratamiento, a la persona del analista.

lunes, 8 de abril de 2013

Conferencia Silvia Salman





SILVIA SALMAN
Psicoanalista, miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP) y de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL) en Buenos Aires, Argentina; Analista de la Escuela 2009-2012.


Conferencia pública:

"¿Qué justifica un psicoanálisis con un niño?".
Fecha: Jueves 11 de abril
Lugar: Auditorio de la Alianza Colombo-Francesa,
sede Chicó (Cra 11 # 93-40)
Hora: 6:30 PM
Entrada libre


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"¿Qué justifica un psicoanálisis con niños?" .

A cargo de Silvia Salman.
Psicoanalista, miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP) y de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL) en Buenos Aires, Argentina; Analista de la Escuela 2009-2012.


    Fecha: Jueves 11 de abril
    Lugar: Auditorio de la Alianza Colombo-Francesa, sede Chicó (Cra 11 # 93-40)
    Hora: 6:30 PM
    Entrada libre
Un niño es un sujeto de pleno derecho y en tanto tal puede ser sujeto de la experiencia analítica. Pero además y fundamentalmente, un niño es responsable de su goce, de su satisfacción y también de su malestar y por ello se justifica una intervención analítica con él.

Aceptar o rechazar un paciente es un acto analítico, tomar o no un niño en análisis también es del orden del Acto. Las entrevistas preliminares que en el análisis con niños incluye también a los padres, forman parte de la ética del psicoanalista en tanto es en el seno mismo de la práctica de estas entrevistas donde se va dirimir si se justifica un análisis con un niño.

¿Existen reglas que digan cuando se debe tomar un niño en análisis y cuando no? ¿De qué parámetros nos servimos para tomar tal decisión? Estas son algunas de las preguntas que nos interpelan a quienes sostenemos una práctica del psicoanálisis con niños. Intentaremos aproximar algunas respuestas.


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El Cartel es (en) la Escuela

Gabriela Dargenton

El tema señala, en su equivocidad, un desplazamiento de sentido que pone en relación dos formas que implican lógicas colectivas, modos de asociación entre los psicoanalistas para la consecución de un fin común, la obtención de algo con el Otro y en el Otro. Estas formas son el Cartel y la Escuela. Definir al cartel como “siendo” la Escuela, indica cómo “el espíritu” en que se asienta la forma Escuela inaugurada por Jaques Lacan –para la subsistencia del psicoanálisis y la formación de los psicoanalistas- fundamenta al cartel atravesando su constitución, su funcionamiento, su trabajo y su producto –si lo hay-.
¿Qué es este espíritu de la Escuela que el cartel realiza? Si siempre recordamos al cartel como “órgano de base de la Escuela”, es imprescindible ubicar la Escuela como la forma de agrupamiento lacaniana contra las sociedades jerárquicas freudianas, aquellas que, como lo dice Lacan, “Freud las quiso así”. La forma piramidal que Freud vincula a la Iglesia y al Ejército en su texto “Psicología de las masas y análisis del yo”, organiza la forma asociativa contra la que Lacan fundará su Escuela. Para Freud, lo recuerdo, esa masa homogénea mira al líder, que como punto álgido del Ideal, no hace más que suturar y taponar toda singularidad. Al mismo tiempo, soldados o feligreses se identifican unos a otros con una alineación horizontal, es decir parejitos, hermanos, e hijos del padre. Contra esto, la Escuela como experiencia inaugural, contraexperiencia de dichas sociedades. En la Escuela entonces, la pirámide se transforma en campo “donde cada cual tendrá vía libre para demostrar qué hace con el saber que la experiencia deposita”[1]. Si se trata de un campo donde hay “cada cual” con su saber, entonces donde allá estaba la identificación horizontal de la masa uniforme, acá ubico más bien un lazo asociativo tal que organiza un Otro agujereado; podríamos decir que a una psicología de las masas correspondiente a las sociedades analíticas, se contrapone una topología colectiva de la Escuela cuya lógica es preciso extraer.
Esta lógica colectiva, solamente se extrae de la subjetivación singular de cada uno de la experiencia de la Escuela. De esta manera se produce una paradoja: hay un agujero en el predicado de qué es un psicoanalista. Vale decir que mientras que es tarea de la Escuela la verificación de que “analista haya”, es también su tarea velar porque ese hallazgo no sature el espacio para todos: “No todo ser que habla podría autorizarse a hacer un analista. Lo prueba que el analisis es necesario para ello, pero no es aún suficiente. Sólo el analista, o sea no cualquiera, no se autoriza mas que por sí mismo. (…) que las oportunidades sean grandes para cada uno, las deja para todos insuficientes.”[2]
Varios binomios organizan la política de la Escuela: el conjunto y lo singular; el uno y lo múltiple; el Ideal y el agujero de saber; incompletud – inconsistencia; la formación y la producción del psicoanalista, etc. Ahora bien, si el cartel es la Escuela, en el sentido que re-sucita su espíritu, cada uno de estos pares encuentra su lugar en la vida del cartel. El cartel es la Escuela porque tanto ella como él han sido construidos como artefactos antipedagógicos que hacen ex -sistir lo imposible de enseñar. Cada uno que allí se enrola debe correr el riesgo por sí mismo y con el Otro, a riesgo del fracaso de la obtención del saber.
Llamó mi atención que en el texto institucional de 1980, J Lacan cuando funda la Escuela de la Causa Freudiana a partir del cartel, dedica a renglón seguido un desarrollo sobre las mujeres y el goce, y lo antecede diciendo: “abrevio aquí la puesta a punto necesaria para la puesta en marcha”[3] Vale decir que hay un vector que vincula siempre la forma femenina del amor y del goce con la producción y la formación del analista.
El Cartel del Pase es (en) la Escuela
Parafraseando a Lacan se podría decir que el cartel del Pase es un cartel que no es como los demás. ¿En qué? Desde su constitución –que es relativa a un reglamento interno institucional que va modificando su forma según el movimiento político que sea necesario ajustar- hasta su función de juicio, que conforma parte del producto de la elaboración colectiva, el cartel del Pase hace existir cada vez a la autoridad analítica que verifica que “allí hay del analista”[4]. Hay otros elementos que lo hacen no ser como los demás como por ejemplo el trabajo con el éxtimo luego de la elaboración del cartel, pero no me detendré. Ahora bien, en lo atinente al trabajo que anima, él es como los otros. El cartel está siempre a la espera de ser enseñado por el testimonio que cada pasador lleva al cartel. Esta “posición” con la que, en mi experiencia, se disponía el cartel al trabajo de Escuela, diré que podría ser análoga a la del saber del analista: una posición de docta ignorancia; cada caso un caso nuevo. Una exploración, una investigación sobre cómo ha hecho cada uno para volverse psicoanalista, ¿qué fue lo que encontró en su vida para que este bicho le pique y quiera salir de la clausura de la experiencia analítica para decírselo al Otro, habiendo partido toda la historia de un sufrimiento sintomático?
La del cartel del Pase, es una experiencia totalmente incomparable, y al ras de la clínica, donde ningún elemento de la jerarquía imaginaria institucional pesa pues se trata de escuchar un relato, que implica un grado de escritura sobre las consecuencias que puede tener el discurso analítico, en la vida de las personas.
Cada cartelizante advierte al final, o a la hora de las presentaciones a las que somos invitados, que ha perseguido un punto de interés y que esto ha constituido un rasgo de investigación en el cartel. El cartel del Pase es la experiencia mas vivida del anudamiento ineliminable que para el psicoanálisis lacaniano hay entre política- clínica y episteme, y de cómo hay allí un modo donde la Escuela releva la formación que ella dispensa.
En mi experiencia de Escuela tuve tres modos de relacionarme al cartel del Pase, intentaré transmitirles algo de esta traslación. La primera como pasante, es decir cuando pedí hacer la prueba del Pase y testimoniar sobre lo que ocurrió a lo largo del análisis y su conclusión.
En esa experiencia, el cartel tomaba la forma de “la Escuela quiere saber” –porque no sabe-. Es decir que vaciado el fantasma oral del Otro y caído totalmente el SsS, yo podía “alimentarla”, darle de comer. No había en mí ninguna relación a que el Otro supiese nada o sea, la presencia en la Escuela del agujero en el saber, que señalé más arriba. De esta manera podemos decir que el cartel del Pase ex –siste a los dichos del pasante, es un real cuya presencia empuja por fuera de la elaboración del pasante a los pasadores.
La segunda relación la cartel fue mas bien un segundo tiempo del decir con la Escuela, fue un aprés-coup del primero, como si eso que se había mantenido como real por fuera de los dichos, volviese con forma de escritura. Ese tiempo fue el de la recepción y la subjetivación del dictámen del cartel. Único momento en que cartel y pasante se relacionan. Se trata de una escritura que, en mi caso, produjo la causa de tres testimonios. La precisión de esas líneas, tildaron –a modo de palabras clave- aquello que en mi decir señalaba la experiencia de lo mas real de la cura. Mi decir había pasado y volvía a mí iluminando el síntoma a desarrollar en los tres años de enseñanza.
La tercera relación al cartel, fue ya como miembro, adentro del cartel. Lo antes dicho vale por mi experiencia. Sólo agrego que mi punto de interés fue investigar cómo la demanda de alivio del sufrimiento, la demanda siempre terapéutica pasa a querer alcanzar la experiencia del síntoma vía el deseo del psicoanalista.
El cartel del Pase es (en) la Escuela porque como aparato antididáctico, él constituye un destino privilegiado donde es posible demostrar “lo que cada quien ha hecho con el saber que la experiencia deposita”. Llevar los análisis hasta el fin, probar la fuerza de querer lo que se desea es una chance pero también constituye nuestro imperativo ético para la subsistencia del psicoanálisis en el porvenir.
Notas
  1. Lacan J. Decolaje o despegue de la Escuela, en: Escansión Nueva Serie Nº1, Editorial Manantial, Buenos Aires, 1989, pág 24.
  2. Lacan J. Nota italiana, en: Uno por uno N 17, 1991, pág. 16.
  3. Lacan J. Decolaje o despegue de la Escuela, en: Escansión Nueva Serie N1, Editorial Manantial, Buenos Aires, 1989, pág 24.
  4. Lacan J. Nota italiana, en: Uno por uno N 17, 1991, pág. 17.

jueves, 14 de marzo de 2013

Las singularidades del Uno


Silvia Salman

Hablar del Uno y sus singularidades nos permite abordar algunos aspectos cruciales del síntoma en la clínica con niños y adolescentes, pero también nos lleva a adentrarnos en una axiomática clave en la perspectiva de la última enseñanza de Lacan.
     Este último tramo de su enseñanza presta especial atención al autismo ya que lo que domina en ella es el Uno.

¿De dónde partimos?

Comenzamos por los tres registros que propone Lacan para pensar el sujeto en psicoanálisis. Tenemos por un lado el registro de lo Simbólico que está hecho de significantes. Por otro lado tenemos el registro de lo Imaginario que está compuesto por imágenes. Y por último el registro de lo Real que es del orden del dato en bruto.
     En su primera enseñanza los tres registros constituían un sistema, una estructura, es decir que cada uno de estos elementos se definían por su relación con los otros. Así Lacan podía decir refiriéndose al estadio del espejo, que lo imaginario se constituye a partir de lo simbólico. A la vez que lo real como dato en bruto era dotado de una estructura por la acción de lo simbólico.
     A partir del Seminario 20 "Aún" y con la construcción del nudo Borromeo, las tres categorías ya no constituyen un sistema. Los tres registros son considerados homogéneos y equivalentes, independientes unos de otros, razón por la cual es necesario un cuarto elemento para anudarlos, y por lo tanto cada uno de ellos es un Uno en sí mismo.
     Se impone a partir de aquí la axiomática de “Hay el Uno” y su correlativo “No hay Otro” hasta llegar al extremo de proponer que el Otro no existe.
     En efecto en los comienzos de su enseñanza, los grafos y esquemas de Lacan incluyen al Otro, al interlocutor, al auditor. En la base del grafo del deseo como en el esquema L se encuentra la noción de comunicación, es el camino que va del Uno al Otro y vuelve desde allí por retroacción. Estos esquemas se fundan en la conexión del Uno y del Otro.
     Pero a partir de los nudos se termina la referencia al Otro, allí el Otro no encuentra su lugar. Ya en el Seminario 17 con la escritura de los discursos como soporte de los lazos, Lacan comienza a transitar un recorrido en el que el lugar del Otro se va desplazando. Hasta llegar a dibujar los nudos que están formados por círculos que son circuitos que dan vueltas en redondo y no establecen ninguna comunicación.
     Con este movimiento Lacan procede a una reducción del dos al uno, de la cadena significante S1-S2 de la comunicación y el lenguaje, al Uno solo de lalengua mucho más cercano al dato en bruto del registro de lo real que mencionábamos antes. Hasta llegar a decir que el lenguaje es una elucubración de saber sobre lalengua.
     Por ello este modo de pensar el psicoanálisis remite especialmente al problema del autismo, porque lo que domina es el Uno. Y podríamos decir que la última enseñanza de Lacan propone en su práctica, un forzamiento del Uno, es decir, un forzamiento del autismo.
     Esto quiere decir que en el fondo uno puede soñar todo lo que quiere con el goce del Otro, con el hecho de que hay un Otro que goza, tal como lo hace el neurótico, pero el goce sólo se sostiene en el cuerpo del Uno.
     Entonces, podríamos hablar del Otro, pero preferimos partir del Uno.

Dialéctica entre el Uno y el Otro

Sin lo Uno no se puede pensar ni operar con el sujeto en psicoanálisis, sin embargo tenemos que plantear una dialéctica entre el Uno y el Otro.
     La articulación del grito y el llamado es un clásico ejemplo que permite situar el lugar del Otro y la emergencia del sujeto en esta dialéctica. El ejemplo del grito del niño y la respuesta materna nos muestra que no se trata de saber solamente qué quiere decir ese grito, sino de reconocer que ese grito quiere decir algo, que ese grito expresa al sujeto y lo representa. Es una manera de decir que ya allí, en el grito mismo, hay significante y no una pura realidad, justamente hay un significante que vale como uno.
     El Otro recibe el grito y en esa recepción lo transforma en una significación del sujeto. Es lo que Lacan desarrolló como la transformación del grito en llamado, que como tal es operada por el Otro y que vale como S2. Es el significante que hace emerger al sujeto allí donde su lugar original es la ausencia.

¿Cuál es la dialéctica que se juega entre el Uno y el Otro?

Por un lado, la respuesta del Otro hace emerger al sujeto, pero por otro lado, y es la vertiente que me interesa acentuar, es el grito el que crea al Otro, crea el espacio de resonancia donde el Otro se constituye. Lo que los Lefort llamaban el “nacimiento del Otro” implica que el grito es el que produce al Otro en el cual se aloja.
     En “Los signos del goce” Miller advierte que tenemos que corregir lo que suscita en nuestra imaginación “la omnipotencia de la respuesta”, ya que hace pensar que el sujeto depende del Otro. Lacan aclara una y otra vez tanto en sus Escritos como en sus Seminarios, que es el sujeto el que manipula al Otro. La experiencia analítica muestra que la posición del Otro, por más amo que sea, surge porque el sujeto hace nacer en un otro al Otro. De hecho así podríamos resumir la fórmula del fantasma.
     Indicación clave para el manejo de la transferencia, para captar qué Otro va a encarnar el analista para cada sujeto. El sujeto lo manipula y más radicalmente lo hace nacer, también en la transferencia. Hace nacer ese espacio del Otro que lo incluye a él mismo y el analista se presta a ello, a encarnar ese Otro que conviene al sujeto. Y le conviene por las mejores razones, porque lo hace partenaire de su goce.
     Es verdad que en ese lugar también podríamos escribir al analista como objeto. Pero en tal caso, tanto el objeto como el Otro están del mismo lado ya que el objeto a se aloja en tanto tal en el agujero del Otro y de este modo son dos figuras posibles de la transferencia.
     Por ello está es una dialéctica crucial que se pone en juego en las curas. En los casos de autismo en particular, muchas veces se observa claramente la existencia del Uno y no del Otro, y allí se capta bien que la presencia del analista puede ser la que promueva el nacimiento de ese Otro para un sujeto.
     De este recorrido se deduce que la responsabilidad está del lado del Uno o si quieren del sujeto que en la ocasión llamaremos el Uno.

La responsabilidad del Uno

Algunas reflexiones acerca de la responsabilidad del sujeto.

¿Cómo puede ser que hablemos de la responsabilidad del sujeto si el significante que lo nombra, el S1 que lo representa, proviene del Otro?
     Dos referencias para decir lo que pienso de eso.
     La primera es del El Seminario 5 "Las formaciones del inconciente"[1]: Cuando Lacan trabaja en este Seminario los tres tiempos del Edipo, formalizando el Edipo freudiano en relación a los tiempos lógicos, ubica en el primero, un tiempo necesario donde el niño está ubicado como falo de la madre. Es un universo en el que se encuentran el niño y la madre. El padre está, pero aún no interviene, dice Lacan.
     En el segundo tiempo interviene el padre como privador. Doble privación: priva a la madre del niño pero también priva al niño de la madre en tanto objeto de satisfacción. Y es entre estos dos tiempos que se juegan todas las encrucijadas del sujeto, según se pueda separar de ese lugar de falo para la madre o no. Según consienta o rechace la idea de la privación materna. En este punto Lacan es absolutamente preciso: la idea de un consentimiento del lado del niño es crucial.

El niño decide. Elige o rechaza.

Ya en su última enseñanza, el Seminario 20 "Aún" retoma esa dirección. Es el punto de inflexión en donde Lacan modifica la axiomática, si hasta ese momento partía del Otro, en este Seminario parte de la fórmula “Hay el Uno”.
     La otra referencia que quiero transmitirles es de un texto de J.A.-Miller “La invención psicótica”[2]. Es un texto en el que Miller propone diferentes tipos de invenciones según las diferentes estructuras clínicas dentro del campo de las psicosis.
     La invención es un concepto desarrollado por Lacan al final de su enseñanza, especialmente en el Seminario 23 "El sinthome", y como tal es un concepto absolutamente articulado a lo Uno y a lo singular.
     La referencia es la siguiente: “...Si el término invención se impone hoy día es porque está profundamente ligado a la noción del Otro que no existe, ligado a la idea de que el Otro es una invención. Si el Otro de lo simbólico existe, el sujeto es efecto del significante y el que inventa entonces es el Otro. Mientras que si el Otro no existe, el acento se desplaza del efecto al uso, del efecto al saber-hacer-allí.”
     Luego agrega: “...Si el Otro no existe, el sujeto está condicionado a devenir inventor, es empujado a instrumentalizar el lenguaje”.

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sábado, 9 de marzo de 2013

Conversatorio

Germán Doin (24 años) y un equipo de producción joven realizaron el documental “La educación prohibida”, mediante el método del “crowdfunding” o financiación colectiva, por lo que la película tiene setecientos productores y se distribuye de forma libre y gratuita. Entre fragmentos actuados, entrevistas a especialistas de toda Latinoamérica, dibujos animados y textos, hace —en dos horas y media— una “crítica” del sistema educativo actual, aludiendo a modelos como logosofía, Waldorf, Montessori, Killpatrick, Freire, Escuela Activa, “Home-Schooling”. Resultado: más de 500 exhibiciones independientes en una veintena de países, medio millón de descargas, 6 millones de reproducciones online. 

Habla de la enseñanza escolar actual como un sistema autoritario de adiestramiento conductista, estandarizante, semejante al que rige en fábricas y batallones, llevado a cabo en construcciones semejantes a cárceles, regido por docentes interesados en cumplir planes diseñados por burócratas. La escuela se transforma en un estacionamiento de niños, mientras están en edad para trabajar. 

Se aboga, entonces, por una escuela en la que el niño sea el centro (no el maestro ni los contenidos), sin calificaciones, con útiles comunitarios, sin estructura formal espacial, con contenidos atados a las necesidades y no de espaldas a la realidad, lúdica, atenta a las aptitudes individuales; en lugar de autoridad, disciplina y competencia: respeto, libertad y amor. Así como al bosque, al niño habría que dejarlo crecer tranquilo. 

Alejandro Álvarez (Educador e Investigador en educación) y Clara María Holguín (Psicoanalista) conversarán sobre el documental, con la moderación de Guillermo Bustamante Z. (Psicoanalista y educador).
  • Fecha: Jueves 14 de marzo
  • Lugar: Auditorio de la Alianza Colombo-Francesa, sede Chicó (Cra 11 # 93-40)
  • Hora: 6:30 PM
  • Entrada libre

domingo, 3 de marzo de 2013


"El síntoma: un acontecimiento del cuerpo"
 
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Segunda parte (2° semestre de 2013)


Presentación 

En la segunda parte del seminario nos ocuparemos de la construcción del concepto de síntoma en la enseñanza de Lacan. Partiremos del síntoma-metáfora, pasando por la relación entre síntoma y fantasma, y la noción de "partenaire-síntoma” hasta la concepción del síntoma-letra junto con la novedad de la última enseñanza de Lacan, donde introduce el sinthome, noción que permite abordar tanto lo singular que no cambia, como el saber hacer frente a la contingencia. Desde esta perspectiva, la experiencia psicoanalítica "introduce una ruptura con cualquier intento de clasificación, en tanto pone sobre el tapete, orientando la cura, el modo singular en que cada sujeto es inclasificable, arreglándoselas con su incurable, tan chiflado y propio, como irrepetible" (1). Marca en el cuerpo del encuentro entre el significante y el goce, que deja una traza inolvidable que llamamos acontecimiento de cuerpo. 
 

(1) La clínica no es el psicoanálisis, III Coloquio de la Orientación Lacaniana.
En referencia al libro Sutilezas Analíticas de J.A. Miller. EOL-Grama, pág. 92.

 
Programa:
  • Agosto 16: Lo que Lacan escuchó en las histéricas.
  • Agosto 23: Conferencia virtual a cargo de Sergio Laia.
  • Agosto 30: Síntoma-metáfora.
  • Septiembre 6: Síntoma-fantasma
  • Septiembre 13: Partenarie-síntoma
  • Septiembre 27: Síntoma-letra: sinthome
  • Octubre (fecha por confirmar): El síntoma al inicio y al final: un acontecimiento del cuerpo. A cargo de Gustavo Stiglitz. 

Docentes:

Laura Arciniegas, Máster en Psicoanálisis: clínica del sujeto y del vínculo social. Miembro de la NEL-Bogotá y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. Docente Universidad Externado.

Guillermo Bustamante, Doctor en Educación. Miembro de la NEL-Bogotá y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. Docente Universitario.

Gloria González, Máster en Educación con énfasis en Docencia Universitaria. Miembro de la NEL-Bogotá y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis.

Clara Holguín, Máster en Psicoanálisis y vínculo social. Miembro de la NEL-Bogotá y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis.

 
Inicia: Viernes 16 de agosto
Hora: 5:00 a 7:00 p.m.
Lugar: Sede de la NEL-Bogotá
Costos:
Profesionales: $150.000 | Estudiantes: $120.000 | Miembros y asociados:$30.000
INSCRIPCIONES EN LA SEDE


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Primera parte:

Presentación

 
Durante el año 2013 el CID ofrece un programa de trabajo que permitirá desplegar la noción de síntoma, a nivel epistémico, clínico y político, bajo el título “El síntoma: un acontecimiento del cuerpo”. El estudio de los síntomas tiene un lugar preeminente en la historia del psicoanálisis: al tiempo que abre la puerta de entrada al estudio del sufrimiento psíquico, marca la orientación de la experiencia analítica.

 
Tendremos como telón de fondo, nuestro próximo encuentro americano - ENAPOL VI- cuyo título "HABLAR CON EL CUERPO, la crisis de las normas y la agitación de lo real" nos propone explorar las consecuencias de la disposición actual del Otro de la civilización donde las palabras y los cuerpos se separan. Retomaremos en el primer semestre, los inicios del psicoanálisis para captar, como señala Eric Laurent en su argumento a ENAPOL titulado Hablar con el propio síntoma, hablar con el cuerpo: “el empalme entre las palabras y los cuerpos bajo un sesgo preciso, el del síntoma”.

 
Abordaremos las diferentes concepciones del síntoma en la enseñanza de Freud: Invención de una nueva teoría del síntoma que, al mismo tiempo que destaca el carácter de enigma a descifrar e interpretar, pone en evidencia el carácter de repetición y satisfacción, en tanto remite a una realidad sexual donde palabra y cuerpo se conjugan.

 
 
 
 
Programa
  • Marzo 8. Videoconferencia-Lección inaugural: Síntoma y cuerpo.
Invitada Alicia Arenas. Directora del Instituto Nueva Escuela –INES-
  • Marzo 22. El encuentro de Freud con el síntoma: Síntoma histérico
  • Abril 5. Trauma psíquico (Defensa)
  • Abril 19. Síntoma como formación del inconsciente (Represión)
  • Mayo 3. Síntoma como satifacción sustitutiva (Fantasía)
  • Mayo 17. Síntoma como repetición (Castración y Pulsión)
  • Mayo 31. A modo de conclusión: Dos dimensiones del síntoma
  • Junio 14. Videoconferencia-lección de cierre.

 
A cargo de Docentes del CID Bogotá:

 
 
  • Laura Arciniegas, Máster en Psicoanálisis: clínica del sujeto y del vínculo social. Miembro de la NEL-Bogotá y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. Docente Universitaria.
  • Guillermo Bustamante, Doctor en Educación. Miembro de la NEL-Bogotá y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. Docente universitario.
  • Clara María Holguín, Máster en Psicoanálisis y vínculo social. Miembro de la NEL-Bogotá y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis.
  • Gloria González, Máster en educación con énfasis en docencia universitaria. Miembro de la NEL-Bogotá y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis.
  • Beatriz García, Máster en Psicoanálisis: clínica del sujeto y vínculo social. Asociada de la NEL-Bogotá.

 
Mesa de lectura sobre textos del Seminario: Marzo 15, Abril 16, Mayo 10  y Junio 7
Día y Hora: viernes de 5:00 pm. a 7:00 pm.
Lugar: Sede de la NEL Bogotá, carrera 11B # 99-54. Oficina 602

 
Costo: $150.000
  • $ 120.000 Estudiantes de pregrado
  • $ 30.000 Asociados NEL

 
 
Informes e inscripciones:

 
 
Nueva Escuela Lacaniana de Psicoanálisis Nel-Bogotá
Horarios de Atención:
Lunes* y jueves: 8:00 a.m. a 12 m. Martes: 3:00 p.m a 7 p.m
Lunes festivo se atenderá el miércoles de 10:00 a.m a 2:00 p.m
Teléfonos: 611 35 11 - 611 2953
Carrera 11B # 99- 54 oficina 602