domingo, 16 de septiembre de 2012

Política y psicoanálisis: perspectivas

Laura Arciniegas Sánchez

Para introducir la cuestión de una posible articulación entre política y psicoanálisis es necesario plantear por lo menos dos perspectivas. Una subraya el lugar posible del psicoanálisis en el mundo contemporáneo, donde el orden simbólico no es más lo que era. Aquí se trataría del lugar político del psicoanálisis en el mundo. La otra, ubica en sí misma la política propia del psicoanálisis, es decir la que hace a los fines del psicoanálisis: tanto a la finalidad como a la terminación, es decir al Pase.


La primera no es posible sin la segunda, pues solo en tanto haya analista, capaz de hacer valer en cada momento, en cada lugar y en cada contingencia el valor ético de su presencia en el mundo, siempre un poco “a contracorriente”, será posible que el psicoanálisis como práctica ética, como discurso, continúe su presencia de manera renovada. Es ella, la política del psicoanálisis la que orientará la construcción de nuevos lazos, alianzas, acciones y actos para hacer del psicoanálisis una práctica posible en este siglo XXI. Tener en cuenta los datos exteriores al mundo psicoanalítico, se hace hoy más necesario, pues se trata ahora del porvenir, de las posibilidades del psicoanálisis en el mundo. El discurso analítico no puede desconocer su estado, ni el alcance de los discursos imperantes, con los que tiene que vérselas en cada época.

Que haya analista, deseo del analista, posibilitará un trabajo en cada lugar, en cada contexto particular para asegurar esa presencia, una que cada vez reclama para hacerse más visible y más audible, pero también para aportar algo a eso que llamamos el mundo contemporáneo. En este sentido, se trata de subrayar la dimensión de las acciones y los actos del analista encaminados a ese fin. Dichos actos, se ubican en un lugar y un espacio determinados, por lo que se requiere considerar que la práctica que se orienta en dicha ética requiere, sin duda, de un espacio civil que permita la pregunta, la libertad de pensamiento, de expresión. Se trata también de velar y propender porque haya las condiciones materiales para esa práctica.


En el texto “Política y psicoanálisis” , texto de referencia principal de este escrito, Miller propone las coordenadas para analizar dicha articulación y subraya la paradoja de la cual hay que partir. Se trata, con el psicoanálisis, de una ética ejercida en sentido opuesto a lo masivo, a lo colectivo, aún cuando se desarrolla en lo social. Dicha ética se orienta en la restitución de la singularidad, de lo incomparable, de lo más propio de cada ser hablante y ello, por la vía que va del síntoma al sinthome. Para ir en esa vía se hace necesario recorrer el camino que va justamente contra las identificaciones, los ideales y los significantes amos, que comandan la vida del sujeto.


Por su parte, la política se orienta justamente en los ideales, las utopías de los sistemas, y procede por identificación a los significantes amos con los que busca atrapar y orientar las acciones del grupo social y de los sujetos que la conforman. He aquí la paradoja de la cual partimos.

 

1. El psicoanálisis, reverso de la política

Se ubica en esta perspectiva un primer planteamiento de Lacan según el cual “el psicoanálisis es el reverso de la política”(1), ya que como se ha planteado, va justamente en contravía de las identificaciones, a las que busca deshacer e interrogar profundamente. Mientras la política busca producir semejantes, grupos, colectividades, y allí está su fuerza, el psicoanálisis apunta a producir la diferencia absoluta, en eso encuentra su lugar y sus posibilidades transformadoras.


2. El inconsciente es la política

Entonces ¿cómo entender la tesis según la cual “el inconsciente es la política”? ¿qué significa? Para orientarnos Miller plantea que ello implica situar al inconsciente en una dimensión transindividual, es decir, se trata de entender que “el inconsciente de un sujeto está estructuralmente coordinado con el discurso del Otro. Ese sujeto no tiene otra realidad, más que la de ser supuesto por los significantes de ese discurso que lo identifican y lo vehiculizan”(2). En otras palabras, el inconsciente se produce en una relación, y en ese sentido es un proceso social, incluye al Otro, como el chiste, pero más aún, como toda formación del inconsciente.

La dimensión política del Otro, “reduce su función a la del significante amo que captura al sujeto y lo consagra a un trabajo, cuyo goce le es robado”(3). Esta no es otra que la estructura del discurso del amo que es también la del inconsciente.


En ese contexto el planteamiento de Miller toma toda su dimensión: “Si el hombre es un animal político es porque es un ser parlante y hablado --un “parlêtre”--,decía Lacan, sujeto del inconsciente, lo que lo consagra a recibir del Otro los significantes que lo dominan, lo representan, y lo desnaturalizan, apagando en él el goce del animal que se le debe suponer, pero del que no se sabe nada, salvo el que se puede entrever en el animal doméstico. Produciéndose un suplemento, ese “plus-de-goce” que hace eco a la plusvalía, y del que toda la cuestión es saber dónde ocurre, en qué lugar, en qué dimensión y quién se lo apropia”(4).

Anudado al discurso del amo, se trata ahora de la política y sus relaciones con el sujeto del Inconsciente. Sujeto que recibe de otro, del discurso que circula en el universo, las palabras que han de dominar su existencia, en tanto lo representan. De allí la falsa antinomia entre lo que sería lo individual y lo social, pues de entrada, para el sujeto humano un otro está ya implicado.

 

3. El psicoanálisis, una ética

“[…] Hay una política del deseo, aunque sea porque la política juega con las identificaciones, y no hay identificaciones que no sostengan a un deseo. Es en ese sentido que el psicoanálisis, él no es una política, sino una ética que se ejerce en sentido contrario”(5).

Develado su carácter subversivo, en tanto su práctica destituye al sujeto de su dominio imaginario, y lo orienta en la vía del deseo y del goce que descubre que lo habita, como el real en juego; el psicoanálisis se plantea finalmente como una ética, cuyo acto apunta a la producción de la diferencia absoluta, léase, a la forma única y singular que un sujeto armó ante el agujero fundamental del “no hay relación sexual” en los seres hablantes.


Se trata ahora de la política propia del psicoanálisis: de sus fines y finalidades. Sin ese objeto analista, que sabe, por su propio proceso analítico, de la forma como ese Otro ha orientado sus acciones y sus decisiones en la vida, no sería posible hacer existir y dar a conocer esa ética, la de las consecuencias, la de los actos, que incluyen, ya no sólo el ámbito personal, y más familiar, sino el de su comunidad, su Escuela, su ciudad, su país.


El deseo, recordemos, es un asunto de horizonte, el que nos permita ubicar el lugar posible del psicoanálisis en el mundo. La ética, no de las intenciones, sino de las consecuencias, releva y descubre el lugar del deseo y más específicamente el deseo del analista.


El devenir analistas. También aquí la orientación lacaniana pone su énfasis en que no es por la vía de la práctica clínica como se deviene analista. No es analizando a otros como se deviene analista. Es por la vía del análisis propio, llevado hasta su final, que el deseo del analista surge, que se produce como algo inédito. No hay otra vía más fundamental que la de analizar y elaborar la relación con el inconsciente propio. Incluso, cuando ya se ha llegado a su fin…eso continúa.


En su presentación del tema de las Jornadas de la ECF en el 2009 tituladas ¿Cómo se deviene analista en los inicios del siglo XXI?, Miller subraya justamente esta orientación. Elige en primera instancia el“devenir” analista al “ser” analista, y ello por el carácter que pretende subrayar: la posición de continuar con el trabajo de analizante, aun cuando ya se haya hecho un final. El AE (Analista de la Escuela) no es otra cosa que alguien que está en condiciones de continuar solo, su trabajo de analizante. “Es continuar sin que sea necesario que el sujeto supuesto saber esté soportado, encarnado por alguien a quien le pagan. Es seguir, si puedo decirlo así, en una relación directa con el sujeto supuesto saber...la mediación que se propone es la Escuela...No se sabría ser analista sin ser analizante. Y no se sabría ser analizante sin transferencia”(6).


Concebida la política del psicoanálisis, la que se dirige a lo singular como resultado de la operación analítica, se trata entonces de cómo operar con ella. Un principio orientador es el que plantea al respecto Miller al decir: “Su mayor principio, y posiblemente el único, es la autonomía del discurso analítico, que mantiene su diferencia absoluta con los otros discursos. Es bueno todo lo que preserva y alimenta esta autonomía, es malo todo lo que la mella, la corroe, la arruina”(7).


El deseo inédito que, en últimas, es lo que constituye al psicoanalista, es con lo que ha de operar en cada circunstancia, en cada ocasión, en cada momento en que se ponga en peligro la autonomía, es decir, lo más propio del discurso analítico. Esta consideración es válida tanto para el interior de la institución analítica, como para su actuar más allá de ella.


Citas

1. J.-A. Miller, “Lacan y la Política”, Psicoanálisis y Política, Grama, Buenos Aires, 2004, p. 21.
2. Ibid., p. 22
3. Ibid., p. 23
4. Ibid., p. 23, 24
5. Ibid., p. 35
6. J.-A. Miller, “Presentación del tema de las Jornadas de la ECF 2009: Cómo se deviene analista en los inicios del siglo XXI”. Publicado en medios virtuales de la AMP.
7. J.-A. Miller, “Perspectiva de política lacaniana”, Freudiana No. 55, Paidós, España, 2009, p. 91

 

Consumos e imperativos de satisfacción hoy

2012

Presentación y conversación sobre el documental «La infancia bajo control», de Marie-Pierre Jaury. Laura Arciniegas, Guillermo Bustamante Z. y Lilian Caicedo O. Con el auspicio de la Alianza Francesa. Realizada el lunes 8 de Octubre de 2012 (haga click)




"Consumos e imperativos de satisfacción, hoy", por Gabriela Dargenton. NEL-Bogotá (biblioteca), con el auspicio de la Universidad del Rosario. Realizada el 31 de agosto de 2012 (Haga click para leer la conferencia).



Miguel Gutiérrez (U. del Rosario), Gabriela Dargenton y Guillermo Bustamante (NEL)


Gabriela Dargenton*
Escuela de la Orientación Lacaniana
Quiero agradecer muy especialmente a las autoridades de la sede Bogotá de la NEL, por realizarme esta invitación a volver a trabajar con ustedes en un escenario epistémico, político y clínico que —11 años más tarde— se ha desplazado de una forma que requiere nuestro estudio detenido de la época y sus transformaciones. Agradezco también a las autoridades universitarias por hacernos lugar para transmitir algo de este tema crucial.

El tema elegido para desplegar nos interesa en la medida en que ilumina un rasgo de la época, un estilo de la civilización contemporánea mundial. Al decir que es un estilo, corro un poco el foco de las drogas como objeto privilegiado del consumo actual, para indicar el plural que señala el tema que apuntamos: “consumos”.

El plural señala que no se trata tanto de qué objeto es el que se consume, como que cualquier cosa puede tomar el estatuto de objeto a consumir. Y esto porque, como lo había vaticinado Jacques Lacan —y puso en valor Jaques-Alain Miller— el ascenso al cenit social del objeto “a”, transforma las relaciones entre la producción y su posible alcance para los sujetos; transforma también la relación que los objetos como tales tienen con las leyes del intercambio; con lo que ellos quieren decir; con la relación a su causa, etc. Es decir que este mérito, esta valoración celestial del objeto transformó ya todas las relaciones sociales que se establecían en el orden social, en el Otro.

La época que constituye el Otro Social embraga sobre la forma que toma el malestar que cada civilización constituye, como también sobre lo informe del Otro, su dominio social, sus lazos, sus cortocircuitos. Es este un hecho también de constatación clínica. Cada día, el practicante del psicoanálisis se ve necesariamente confrontado a formas de la urgencia actual, a transformaciones clínicas y también a diversos retos sociales que implican la reinvención constante de la práctica. Una práctica que, apoyada en principios, trabaje contra su propio exilio porque tiene algo para aportar, para decir, en los debates contemporáneos.

Señalaré 3 asuntos que espero queden como preguntas que podamos descifrar a lo largo del trabajo que nos espera en este fin de semana y al que los invito a que nos acompañen.

La primera cuestión que atañe a nuestra práctica y a nuestro tema de los consumos e imperativos es lo que JAM plantea en su curso [1] como lo que se sustituye al antiguo “orden o potencia de orden” de lo simbólico. A lo que era un “orden” del Otro se le sustituye el traumatismo; es decir el desorden del simbólico que afecta los cuerpos; el choque en el que puede captarse el cuerpo viviente y las palabras, el cuerpo viviente y aquello que es transportado por ellas: los objetos.

Sería interesante constatar en estas jornadas ¿Cómo, de qué modo los cuerpos se ven tomados en esta sustitución?, ¿Cómo se las arregla el psicoanálisis para tratar este efecto, que ha transformado la demanda y nos confronta a una clínica sin el Otro? Veremos cómo se relaciona esto con el problema del consumo y de la satisfacción

El segundo punto, entonces, se deduce de éste y es la referencia que la época da a los cuerpos, por sobre el lazo social. Dice JAM: “La combinatoria se desploma cuando se trata del cuerpo del Uno (…) midamos este cambio de valor atribuido al lenguaje mismo” Es decir, que es un asunto que cuestiona la dimensión del Inconsciente mismo, porque es el valor dado a la palabra lo que está en el centro del problema.

Gabriela Dargenton, durante la conferencia
Pregunto: ¿Cómo vamos a despegar del cuerpo las palabras necesarias para luchar contra el “empuje al síntoma-mudo”? es decir, en una práctica de la palabra, ¿cuál orientación clínica que no nos devuelva a sentidos vetustos e ineficaces?

La tercera cuestión, es la de la eficacia. La eficacia es hoy una palabra acuñada por el avance del mercado y de la falsa ciencia, esa que pretende ligarse a una contabilidad fría de una higiene falaz, en la cual la regulación de los cuerpos sea pasible de un número, de un dato estadístico que forme parte de una lista estandarizada del dolor de existir.

Por eso es muy importante que nos ocupemos de la eficacia, sin rechazarla, sino dándole todo su peso y su lugar en el psicoanálisis.

Pregunto, en la práctica con niños, jóvenes y adultos ¿Dónde ubicamos la eficacia? ¿Cómo la medimos? ¿Cómo van a anudarse eficacia y psicoanálisis? Veremos algo de esto mañana.(Continúa... haga click en "Más información")




lunes, 10 de septiembre de 2012

El cartel en el mundo - JAM


El cartel en el mundo


Jacques-Alain Miller

Elegí este título porque quisiera expresar y clarificar un pensamiento que me taladra desde hace tiempo. Hay algo del cartel en el mundo que me preocupa. Es mi punto de partida. Me condujo más allá de donde pensaba ir.

Una falta de entusiasmo

En 1979, inventé, con Eric Laurent, el Catálogo de Carteles. Hoy, hay cinco Escuelas del Campo freudiano, hay cinco Catálogos, con la misma tapa y las mismas rúbricas. Está muy bien. Pero, ¿no hay allí demasiado formalismo? Yo siento, creo sentir en el mundo (puedo equivocarme, y , ciertamente me desmentirán, si no es aquí, allí) una cierta falta de entusiasmo por el cartel. No oigo jamás a colegas de otros lados hablar de sus carteles. No veo referencias al trabajo en el cartel. No percibo emoción cuando los colegas hablan del cartel. 
     Es un hecho que la tradición no es el cartel sino el curso magistral. En Argentina, donde la Universidad ha estado durante mucho tiempo amordazada y ha permanecido arcaica en sus métodos, se confluyó alrededor de maestros que dispensaban su enseñanza fuera de la Universidad, maestros que no lo eran por el diploma sino por el carisma. Esto también se transportó a España y a Brasil.
     El más-uno del cartel, que es el líder funcional de un grupo mínimo, no satura la demanda de carisma. El más-uno es un líder, pero un líder modesto, un líder pobre. El agalma que lo soporta es no-denso. El está débilmente investido, lo favorece un carisma grado 4, mientras que en un país latino, pareciera, al menos, que se requiere un carisma de orden superior, la investidura masiva de un más-uno que sea también un orador. La exigencia de una mediación oral para tener acceso al escrito es de estructura, pero por poco que el escrito esté menos presente en la formación, esta mediación se vuelve un fin en sí misma, se convierte en una guía imaginaria. En síntesis, tengo muchas veces el sentimiento, cuando se evocan los carteles de otros lados, que aparece allí un cierto semblante, que hay un forzamiento, que es un poco falso.
     No voy a quedar bien diciendo esto. No voy a quedar bien por allí, diciendo esto. Con lo que voy a decir ahora, no voy a quedar bien por aquí. Provoco. Es para que se me responda.
     AI tratar de reflexionar, tanteando, sobre este malestar a propósito del cartel en el mundo, fui conducido a retornar a los orígenes del cartel, a hacer también un retorno sobre lo que nosotros, aquí, hemos hecho del cartel.

A los orígenes del cartel
El cartel, a diferencia del pase, es contemporáneo de la creación de la Escuela.

     Tuvimos Jornadas sobre la Escuela y la experiencia del pase durante la disolución de la Escuela Freudiana de París, y en la E.C.F., sobre El concepto de Escuela y la experiencia del pase; no tuvimos jamás Jornadas sobre La Escuela y la experiencia del cartel. Sin embargo, por el hecho de que el cartel es contemporáneo de la creación de la Escuela, se puede suponer que es congruente con el concepto de Escuela y se puede uno preguntar en qué lo es.
     Dos señalamientos preliminares:
     El primero, es sobre la actualidad del pequeño grupo en 1964, en el momento en que Lacan creaba su primera Escuela. En esa época, la idea del trabajo en grupos chicos, de formación a partir del pequeño grupo, estaba a la orden del día en la Sorbona, gracias a los estudiantes de Letras, especialmente a su sindicato (sindicato de agitadores, no de gestores), la F.G.E.L. (Federación general de los estudiantes de letras), que habían promovido la necesidad de lo que ellos llamaban los G.T.U. (Grupos de trabajo universitario), invitando a los estudiantes a trabajar juntos, sobre una base igualitaria, sin los "profes", o con la menor cantidad posible de ellos, como modo de oponerse al curso magistral, práctica considerada reaccionaria. Había en esta proposición algo así como los prodromes del Mayo del 68'. la idea de una formación en grupos chicos en lugar del curso magistral, o al lado del curso magistral, participaba ya del movimiento anti-autoritario. El pro-cartel es anti-autoritario. lo hemos visto en 1979-1980, luego de la disolución de la E.F.P., que comenzó con una renovación del interés por los carteles.
     El segundo señalamiento es que el cartel encarna una tesis de la teoría de grupos: a todo grupo le hace falta un líder, todo grupo tiene un líder. Esta tesis puede inscribirse según las fórmulas de la sexuación que corresponden al lado macho, del mismo modo que el pase respondería más bien a las fórmulas de la sexuación femenina la idea de Lacan con el cartel es, a la vez, que no sirve de nada negar el hecho del líder, pero se lo puede adelgazar en lugar de inflarlo; reducirlo al mínimo, hacer de él una función, lo más permutativa posible.

El trabajo de la escuela
Para esto retomo la frase con la que Lacan introduce el cartel en su "Acta de fundación": "Para la ejecución del trabajo, adoptaremos el principio de una elaboración sostenida en un pequeño grupo".

     Comentario. El cartel, que es este pequeño grupo, es un medio para ejecutar un trabajo. No es un fin en sí mismo. Sí, pero tampoco es exactamente un medio. Lacan dice más bien que es el medio, y no para ejecutar un trabajo, sino para ejecutar el trabajo -con el artículo definido.
     Esta frase, si uno se detiene en ella, dice que el trabajo de la Escuela pasa por el cartel. Podría ejecutarse un trabajo de esta índole en seminarios, cursos, conferencias, Jornadas de estudio. Justamente, Lacan no dijo "Para la ejecución del trabajo adoptaremos el principio de una elaboración sostenida en seminarios, cursos, conferencias, Jornadas de estudio". El dijo "Adoptaremos el principio de una elaboración sostenida en un pequeño grupo".
     El trabajo. ¿Qué trabajo? En el "Acta de fundación" de Lacan, la palabra trabajo se repite varias veces la encontramos en el segundo párrafo, en el tercero. En el cuarto párrafo, el autor habla de tarea, en el quinto, de la ejecución del trabajo, etc. Finaliza hablando de los trabajadores decididos. "El Acta de fundación" está bajo la égida del trabajo. Pero, ¿a qué llama Lacan el trabajo de la Escuela? Es "un trabajo que en el campo abierto por Freud restaure el filo cortante de su verdad, que devuelva a la praxis original que él instituyó el deber que le toca en nuestro mundo, que por medio de una crítica asidua denuncie las desviaciones y los compromisos...", etc. Dicho de otro modo, la exigencia ética, epistemológica, alética, praxeológica, que lacan dió a oír se supone debe cumplirse por un trabajo, que es el trabajo de la Escuela, y este trabajo pasa por el cartel, no por el seminario, la conferencia, el curso.

Cartel y pase
¿Por qué el cartel es para Lacan congruente con el trabajo de la Escuela, tanto en su más íntima como en su más alta exigencia?

     Podemos responder esta pregunta.
         Para responder, hay que preguntarse primero: ¿qué es lo que ha comprometido la verdad del psicoanálisis y desviado las prácticas? Conocemos la respuesta de Lacan, al menos en su vertiente institucional: la encontramos desarrollada en "Situación del psicoanálisis en 1956". El malo de la historia es la beatitud, es el didacta. En efecto, el cartel, tal como lo plantea lacan en su "Acta de fundación", es una máquina de guerra contra el didacta y su pandilla -según la expresión usada por Lacan en otro lado.
     Esto pone bien de manifiesto el parentesco del cartel y del pase. El pase, como el cartel es, desde el punto de vista institucional, una máquina anti-didactas. La Escuela, con su cartel y su pase, es un organismo que apunta a arrancarle el psicoanálisis a los didactas. Aparentemente, esto tiende siempre a reformarse, porque Lacan fue conducido a disolver esta Escuela por las mismas razones que lo habían llevado a fundarla. El pase tiene como resultado institucional evidente que la nominación de los A.E. escape a los didactas. El cartel tendía, en la idea de Lacan, a que los miembros de base, incitados a entrar en la organización circular de la Escuela, también escaparan a la empresa de los didactas.
     Lacan agrega en el Acta: "Esto no implica, en modo alguno, una jerarquía cabeza abajo". Hay que reconocer allí una denegación. Es, al menos, poner al didacta patas para arriba. Si no es una jerarquía puesta al revés, sino más bien una organización circular, ésta está marcada desde el ángulo de una cierta igualdad. En el sistema de los carteles, nadie es mejor que el otro. La ideología del cartel tiene un costadito nivelador. Y, de hecho, Lacan estuvo acompañado en todas sus iniciativas, por una Fronda** de notables, que comenzó con la fundación, continuó en el momento de la "Proposición" sobre el pase y concluyó con la disolución de la primera Escuela.

El plan lacan
Si captamos que, en la intención de Lacan, el trabajo de la Escuela pasaba por el cartel -y no el seminario, la conferencia, etc.-, se comprende entonces la función de las Secciones de la Escuela. Lacan había previsto tres secciones que eran otros tantos reagrupamientos de carteles.

     Este plan de Escuela, el Plan Lacan, no se realizó jamás. Según este plan, el trabajo de la Escuela se ejecuta por carteles. Si hay cursos, seminarios, conferencias, esto se hace por fuera de la Escuela. Por otro lado, el Seminario de Lacan era fuera de la Escuela. El "Acta de fundación" dice que lo propio de la Escuela, en su relación con la verdad, es el trabajo llevado a cabo por carteles.
     La cuestión podría ser de actualidad. Bastaría decidirlo. Esto supondría interrogarse para saber por qué el Plan Lacan no se realizó nunca. ¿Porque era irrealizable? ¿Porque no se puede inhibir el crecimiento de los carismas ni la demanda de carisma? ¿Hay que realizar ese plan? ¿O sería un fundamentalismo del cartel? ¿Hay que modificar en algo la definición del cartel, o la práctica del cartel, para realizar el Plan Lacan?-como, después de todo, hubo que completar la "Proposición" del pase para renovarlo.
     Me dicen que hay algo de incertidumbre en lo que se refiere a los carteles. Si es el caso, hay que elegir: seguir el envión con el que veníamos o hacer el esfuerzo de pensar nuevamente.

(Lo que sigue es un resumen de las respuestas de Jacques-Alain Miller al público)

La cuestión que queda planteada por el Plan Lacan es la siguiente: ¿Queremos, si o no, que la Escuela esté aparte? La idea inicial es la de una Escuela aparte, y que por esto mismo pueda responder a la pregunta que le plantea o debería plantearle la sociedad, o incluso el Estado: aquella de la calificación del psicoanalista. ¿De qué manera queremos estar aparte? ¿O no queremos estar aparte? ¿Cómo darle a la Escuela el máximo de intensidad? ¿Es importante lo que funciona con éxito en otros lugares?
     ¿O, por el contrario, yendo al tope de nuestra especificidad, tal como Lacan la dibuja aquí? ¿Asumiéndola y trabajándola? ¿La Escuela va a devenir la escuela de las A.C.F.? ¿El conjunto de las A.C.F.? ¿O quedará como su "más uno"? Esto supone reinventar su diferencia. El pase pone ya a la Escuela aparte. El cartel, ¿puede también hacerlo? ¿O él está definitivamente banalizado?

Texto establecido en francés por Catherine Bonningue.
Versión no corregida por el autor.
Traductor: Graciela Esperanza | Revisión: Beatriz Udenio
Fuente: 
Asociación Mundial de Psicoanálisis

Notas

*Intervención de Jacques Alain Miller en la jornada de Carteles de la ECF, el 8 de octubre de 1994.

**Fronde, en francés, tiene varios significados Tomaremos aquel que se refiere al nombre con el que se conocen las guerras civiles que se desarrollaron en Francia de 1648 a 1653. Empezaron siendo luchas de partido para terminar siendo una guerra de personalidades.

jueves, 6 de septiembre de 2012

La conferencia de Lacan sobre psicoanálisis y cibernética

Lizbeth Ahumada Y.
Guillermo Bustamante Z.


Lacan dicta su conferencia “Psicoanálisis y cibernética, o de la naturaleza del lenguaje” el 22 de junio de 1955, en medio de su segundo seminario. En su afán de no repetirse —lema de su ética—, se puede inferir que la conferencia fue preparada durante el seminario y se verifica que fue comentada después en su seno. Se inscribe en una serie de conferencias, pero parece que Lacan dicta la suya en el mismo sitio del seminario, pues interpela a aquellos que “vienen habitualmente a escucharme los miércoles” (no que van), para sumarlos al agradecimiento que le hace a Jean Delay, quien no sólo inaugura la serie y está presente, sino que ha dado al seminario un lugar.


Psicoanálisis y ciencia

Lacan tiene en mente una puesta en relación psicoanálisis/ciencias humanas[1], para lo cual usa el tema de la cibernética cuya enunciación formal por parte del ingeniero Norbert Wiener tiene apenas diez años, en ese momento. Pero no retoma en la charla lo que deslumbra a todos: las máquinas, sus realizaciones maravillosas; retoma más bien su lógica… que ya no es del interés de todos y que sí puede serlo para los interesados en darle un sólido respaldo teórico al psicoanálisis. Psicoanálisis y cibernética serían técnicas, órdenes de pensamiento, ciencias… con un eje común —el lenguaje— que permite esclarecerlas respectivamente. No disputa sobre si el psicoanálisis es ciencia o no; le importa, más bien, su lugar en ese campo.

Lacan viene trabajando en el seminario el asunto del juego de par o impar, aparentemente fuera del ámbito del psicoanálisis. Sin embargo, asuntos como ése (y como el de la física newtoniana) los recrea allí en pos de algo que permita no degradar la clínica. En su momento, ve caminos degradantes para la clínica y hace un esfuerzo por encontrar un camino riguroso. Quien no vea relación entre los juegos y la clínica analítica, o entre Newton y la clínica, al menos no podrá negar que se trata de teorías rigurosas. La teoría psicoanalítica del momento, sin embargo, no cumple el requisito mínimo de ser rigurosa. Lacan no sólo intenta hacer una lectura juiciosa de Freud (en este segundo seminario está leyendo los textos freudianos sobre el “yo”), sino que está buscando soportes rigurosos en la ciencia para darle al psicoanálisis el lugar que merece entrelas ciencias.

La teoría de los juegos, por ejemplo, no se queda en la idea de que hay azar, sino que busca leyes, razones, detrás de lo que parece inaccesible a la razón. La clínica analítica no es “al azar” (en el sentido de algo que no se pueda conocer), pero ciertos rasgos la emparentan con los juegos. En todo caso, nada quiere dejar al campo de lo “inefable”, de lo “iniciático”. No es fácil el esfuerzo de Lacan, pues a la vez que debe estar a la altura del psicoanálisis, debe estar también a la altura de las otras disciplinas que trae a cuento. Por eso vemos en el seminario una serie de discusiones, a veces de tono subido. Los analistas de la época, pero también los expertos en otras disciplinas que se acercaban, con frecuencia no aceptan este terreno de complejidad y dificultad teórica. Por ejemplo, cita a alguien que le reclamó, en nombre del determinismo, “querer suprimir el azar”.

Azar y determinismo

Pues bien, azar y determinismo tienen todo que ver con nuestro tema de lo real y sus enigmas. Escoge entonces Lacan una versión de la idea de ‘azar’ para mostrar la relación: al decir que algo sucede “por azar”, decimos que fue “sin intención”o que hay en ello una ley. Ahora bien, para el determinismo, nada sucede sin causa, pero es una causa sin intención. O sea, lo real es lo constituido según una ley que excluye la intención.

¿Se proponía Lacan reintroducir el determinismo en el juego de par o impar? Es importante resaltar que la naturaleza de lo real se ha diversificado durante nuestra estancia en el planeta. Es lo que está en la palestra cuando pregunta por“el determinismo que nosotros, analistas, suponemos en la raíz misma de nuestra técnica”. O sea: cuál es el estatuto de nuestro objeto. Vamos a verlo despacio, pero la discusión sobre lo real no puede eludir estos asuntos. Por lo pronto, la teoría del juego, aunque tiene sus antecedentes en el siglo XIX, nace propiamente como disciplina en el siglo XX.

Si aplicamos todas estas posibilidades de lo real, podrían ser un tanto confusas algunas bases de la conferencia. Cuando dice que a su interlocutor le parecía exagerado introducir el determinismo en el juego de cara o cruz, que eso haría imposible un verdadero determinismo, parece estarse refiriendo a una idea de azar como indeterminación. En una de las charlas anteriores decíamos que los físicos diferencian entre azar (con minúscula) y Azar (con mayúscula). El primero es aquel que atribuimos a una falta de control de las variables en juego; cuando vemos al tramposo ubicando los dados en cierta posición en sus manos antes de lanzarlos, es evidente que, para él —y para cualquiera—, en el lance de dados no hay indeterminación, sino incapacidad nuestra para controlar todas las variables comprometidas; de poderlas controlar, sabríamos en qué va a caer el dado, pues intervienen variables determinísticas: peso, rozamiento, altura, velocidad… Por algo se espera que, cuando el anfitrión dice “¡Giran las ruedas!”, los encargados darán un impulso a la rueda Fichet suficientemente fuerte como para que podamos pensar que para ellos es incalculable en qué número va a parar y, entonces, nos sometemos a ese “azar”. Parece ser que el interlocutor de Lacan piensa que el determinismo se opone a este azar, de manera que no podemos meter determinismo en la lotería, en los dados, en el lanzamiento de la moneda. Pero hoy podemos pensar en una máquina que controle esas variables y prediga en cada caso si saldrá cara o sello. La trampa ayuda a develar los mecanismos; por ejemplo, han detectado el siguiente fraude en los casinos: un programa que regula de manera imperceptible la pérdida de velocidad de la ruleta que, al final, caerá indefectiblemente en el número previsto, ante nuestra grosera impresión de que se ha detenido en ese número de manera azarosa.


Juego y decisión

Otra cosa es aquello a lo que se refiere Lacan, que es el juego en tanto decisión: “La teoría de juegos es un área de la matemática aplicada que utiliza modelos para estudiar interacciones en estructuras formalizadas de incentivos y llevar a cabo procesos de decisión”. A esta escala cobra sentido el robot recién programado en el Japón que nunca pierde en el juego de “Piedra, papel o tijera”; pero no se trata de una máquina que aplique la teoría de juegos (que afronte la decisión), sino una máquina determinística y tramposa: cuando el contendor humano toma su decisión, adopta en la mano una postura que la máquina percibe y, entonces, responde con la contraria un instante después, imperceptible para el jugador. Vemos como si se tratara de un dominio de la decisión del otro, cuando en realidad se trata de un dominio determinístico una vez tomada la decisión.

Entonces, ¿qué determinismo suponen los analistas en la raíz de la técnica? La asociación libre produce la aparente paradoja de que intencionalmente —es decir, sin azar—el analizante se acerque cuanto sea posible al azar… y todo porque en ese azar estaría operando el determinismo inconsciente, que es lo que nos interesa; mientras que en el “control” de lo que se dice, en realidad estaría operando el determinismo de la represión. Pero no es de este ABC, que no necesitó la cibernética, de lo que se trata. Lacan se da una vuelta por las ciencias exactas, a las que sitúa no mucho antes que, ni independientes de, las ciencias conjeturales (aunque las primeras hayan eclipsado a las segundas).

Continúa... (haga click en "Más información").



lunes, 3 de septiembre de 2012

Reflexión neo-escolar


Guillermo Bustamante Z.
NEL-Bogotá

Hay gente que cree verdaderamente que tiene la manija de todo esto, que nos habla de esto como si fueran objetos de manipulación corriente.
Jacques Lacan

Por estructura, una Escuela de psicoanálisis está en crisis. Ahora bien, ¿se trata de una entidad susceptible de ser diagnosticada?, ¿bajo qué condiciones? Y, en caso afirmativo, ¿es susceptible de tratamiento? ¿No hacemos en este caso un uso extensivo —y por ello abusivo— de los conceptos? Sobre esto ya hemos tenido reflexiones. De un lado, el mismo Lacan llamó “Analistas de la escuela” a los que demostraran un recorrido analítico que efectivamente diera cuenta de su paso a analistas; pues bien esa denominación es ambigua: ¿analistas de la escuela en la medida en que que pertenecen a la escuela?, ¿o analistas que analizan a la escuela? Por su parte, Jacques-Alain Miller [JAM] habla de la “Escuela sujeto” como manera de precipitar —según me parece— implicaciones del pensamiento de Freud y de Lacan, con lo que despeja el camino para poder diagnosticar la escuela, “como si fuera un sujeto”, y para obrar, como analistas, en consecuencia con ese diagnóstico.

1. Crisis estructural y grupo analítico

En griego, krisis es ‘juicio’, ‘decisión’. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua detecta hoy para esa palabra los sentidos de: a) cambio brusco en una enfermedad o en otros procesos; b) circunstancia que pone en duda el curso de un proceso; c) situación dificultosa o complicada.


En el marco de tales acepciones, es esperable no querer tener una crisis (aunque se reclame el derecho a ejercer la ‘crítica’, palabra que tiene idéntico origen), esforzarse por erradicar su ocurrencia y, si ya se tiene, aspirar a eliminarla. Si es así, la actual acepción materializa un cambio semántico ocurrido a raíz de una toma de posición desde la cual se pretende un Todo consistente, un sentido sin fugas, una desaparición de la contingencia. Sin embargo, con Lacan sabemos que, de cierta forma, la crisis es indefectible —a veces latente, a veces patente— y que estamos puestos todo el tiempo de cara a la decisión (para volver a la etimología griega de ‘crisis’). No hay el Todo que se pretende, el sentido se fuga y la contingencia es constitutiva de lo humano, a menos a escala de la singularidad. Esto quiere decir que la crisis es estructural; que no es que acaezca para los advertidos de tal condición, pero que no se produzca para aquellos que preferirían verla excluida, gracias a un buen funcionamiento previsto; mejor dicho, que plantear buenos objetivos y proceder en consecuencia sería una manera de evitar la crisis. Incluso que la crisis se puede solucionar en la medida en que operemos con esa lógica de la administración de empresas.

Pero si la crisis es constitutiva, cada postura la asume, la nombra, la acota… de una manera específica; así, mientras en el primero se intenta hacerla visible, en el segundo caso se pretende ocultarla y se lamentan su advenimiento y sus implicaciones. Para la primera posición, crisis es un concepto poderoso, creativo; para la segunda, es algo negativo, a evitar.

Sobre la base de este punto, son pensables al menos dos maneras de agrupamiento entre los analistas: aquella que se procuran quienes quisieran erradicar la posibilidad de la crisis (forma grupal que se puede tomar de entre la oferta social) y aquella que se inventan quienes consideran la crisis como constitutiva del vínculo. Para éstos, es tan esperable el funcionamiento como el impasse y, entonces, se surten de dispositivos que resguarden un espacio para pensar la crisis, para tramitarla e, incluso, para precipitarla: en la historia del campo freudiano se han disuelto todo tipo de instituciones, incluso las escuelas, si se entiende que de alguna manera no permiten hacer existir el dispositivo. Obsérvese que llamo dispositivo al arreglo estructural que busca producir ciertos efectos, y llamo “institución” a la forma específica que toma en contextos específicos, con personas de carne y hueso. Entonces, cuando las instituciones se le atraviesan a los dispositivos, es forzoso acabarlas.


Todo esto parece flaquear en algún lado: ¿no estarían también hechos de gente real las instituciones que dan lugar a que existan los dispositivos? Por supuesto. Y la idea de dispositivo —como el dispositivo analítico, el dispositivo escuela, el cartel— no es más que una apuesta a que un arreglo estructural puede producir ciertos efectos, más allá de las personas que están ahí, pero gracias a que están ahí. Esta imprecisión, esta dificultad es la que mantiene todo el tiempo el asunto en crisis; y es a sabiendas de eso que nos disponemos a pensarla… Y no dejamos de recurrir a quienes dicen apostar por el psicoanálisis, pues, por ejemplo, una vez disuelta una institución, se interpela a cada uno en el sentido de que declare explícitamente su decisión de hacer o no parte de la nueva institución que se forme. Alguien podría decir: y si todos vuelven a quedar adentro, ¿no vuelve a ocurrir exactamente lo mismo? Podría ser, pero se confía en el poder de un nuevo significante, en el poder de estar inaugurando otra cosa.

De tal manera, el asunto no es de nombres, sino de la manera como lo articulamos. El hecho de llamarse ‘escuela’ no garantiza que haya escuela; así como el hecho de llamarse ‘asociación’ (como la IPA), no exime de efectos estructurales, más allá del llamado a aglutinarse en nombre de una certeza sobre el ser del analista. Así las cosas, ¿cómo saber en cuál de los dos casos estamos? Igual pasa con el dispositivo analítico: ¿cómo saber si hacemos análisis o psicoterapia? Dice Jorge Luis Borges, en el poema “No eres los otros”[1]:

No te habrá de salvar lo que dejaron
escrito aquellos que tu miedo implora;
no eres los otros y te ves ahora
centro del laberinto que tramaron
tus pasos [...]

No por invocar los nombres de Freud y de Lacan están blindadas nuestras prácticas. No por invocar otros nombres que no son de nuestro uso corriente, está invalidada la práctica de otros... recordemos que incluso una práctica no necesita estar esclarecida para funcionar. Es notable que, pese a la rudeza de los llamados de atención de Lacan, nunca dejó de considerar psicoanalistas a los miembros de la IPA.


lunes, 27 de agosto de 2012

Seminario internacional


Adolescentes in... intensos, insaciables, innovadores, insoportables, insolentes, inventivos, incomprensibles...

Gabriela Dargenton

Argumento

¿Qué es la adolescencia? ¿Cómo se presenta su forma temporal?, ¿es tardía?, ¿es temprana? Veremos cómo la actualidad plantea unas paradojas que desplazan la adolescencia como nombre de un período, a manifestaciones que implican más bien una irresponsabilidad y una desorientación que no conoce la “ordenada evolución” en la que antes se insertaba. Hoy, los niños, a los que aún su cuerpo no les ha dado signos desconocidos de goce, hablan de sus aventuras amorosas; o un hombre de medio siglo puede decir que no sabe lo que le pasa cuando una mujer le habla…


El sometimiento a la exigencia de elección vacía –como la vieja película “trainspotting” lo resalta en su centro– contrasta con el extravío que habita en cada hablante a la hora de confrontarse a dichas elecciones. Extravío y miedo, producen efectos que van, desde el intento de experiencias de alto riesgo para los cuerpos –consumos de tóxicos, consumo de operaciones estéticas, retiros a tribus urbanas separadas de toda referencia singular, etc.– hasta el encierro sobre sí mismo, en actividades que satisfacen la soledad más patente, soledades de época.
Sexuarse, enlazarse al Otro atravesando el gusto encontrado en la soledad del Uno sólo, es una aventura que debe encontrar unas vías del amor que toman también nuevas maneras de expresión.
Abordaremos qué es la encrucijada adolescente hoy; su “in”… tratables, soportables, quietos y su “out” de sus enlaces sociales y sexuales, amorosos y de identidad, serán nuestro camino en el intento de ofrecer una perspectiva para tratar ese “adolecer” que nombra el exilio que cada uno lleva consigo.


1 y 2 de Septiembre de 2012
Lugar: Alianza Francesa, Sede Chicó:
Cra 11 No. 93-40

Programa:

Sábado 1 de Septiembre:
- Apertura
- 1a. Conferencia: La encrucijada adolescente
- Conversación
- 2a. conferencia: El amor y las soledades de época
- Conversación


Domingo 2 de Septiembre:
- 3a. conferencia: ¿Qué respuesta clínica dar para esta coyuntura?
- Conversación
- Cierre