viernes, 10 de abril de 2020

Lazos virales. Carla Bravo-Reimpell*

El aislamiento, que hace un corte en el contacto social clásico, es decir, aquel que no ha sido tomado por la interconectividad de las redes virtuales, es la prescripción que desde el saber médico mundial se debe seguir para superar la pandemia del COVID-19. Por irónico que parezca, impresiona que la cercanía del otro, ya sin máscara, es sinónimo de daño. Entonces, ¿qué es lo que realmente enferma y mata? Podemos argumentar que es la cercanía de los cuerpos biológicos lo que se debe evitar, ¿pero, no es esta cercanía goce del lazo, mediatizada por el significante? Así, vemos la gran dificultad de ciertos sectores de la población, de manera especial los jóvenes, para acatar esta prescripción, en tanto movidos por su fuerte necesidad de “socializar”, como venía ocurriendo hasta hace pocos días en las playas de Miami. Además, ¿no es el ejercicio, para nosotros sencillo y cotidiano del habla, lo que puede resultar altamente contaminante? El abrir la boca tiene nuevas implicaciones en estos días, más allá de las que conocemos los analistas.