domingo, 16 de febrero de 2014

A propósito del pase

Guillermo Bustamante Z.
NEL-Bogotá

Los testimonios del pase se han convertido en un lugar especial. Las ciencias llamadas “duras” —“testaduras”, debería ser— tienen sus laboratorios; y las ciencias conjeturales tienen sus triangulaciones. El psicoanálisis —ya lo subrayó Freud y está en nuestros principios— no admite un tercero, un observador externo que verifique si el asunto funciona o no. La experiencia clínica del psicoanálisis tampoco tiene la posibilidad de repetirse, como sí es el caso del experimento. La relación entre el experimento y la teoría es más compleja de lo que tiende a creerse: no es que “muestre” o evidencie que lo teorizado es correcto o no. En primera instancia, el experimento o se diferencia de la mera experiencia en la medida en que es un arreglo artificial de las cosas, y esa artificialidad está dada por la teoría que lo diseña. Y, en segunda instancia, el experimento no habla, sino que hay que enunciar lo que pasó y esto se hace, obviamente con arreglo a la teoría que busca algo allí. Con todo, los experimentos no han sido tan repetibles como se cree. Hoy se le exige al psicoanálisis la prueba, pero la ciencia se tardó al menos un siglo en replicar sus pruebas. Y es que una cosa es el campo donde se produce el mathema, y otra el campo donde se produce el protocolo a seguir para producir algo del orden de un acontecimiento controlado o de un objeto. Este segundo campo, que en el psicoanálisis confundimos a veces con el primero, tiene desarrollos desiguales en relación con la ciencia. Las embarcaciones de los mirmidones, camino a Troya, son descritas como idénticas: han sido producidas con arreglo a un protocolo, mucho antes de que Arquímedes hubiera formalizado el fenómeno de la flotación.
Con todo, la experiencia analítica no puede repetirse. El mismo relato —suponiendo que eso fuera posible— dicho a otro analista, puede obtener una intervención distinta. Hasta un filósofo juicioso —Paul Ricoer— lo nota: la situación de la clínica psicoanalítica no es experimental, sino transferencial. No hay protocolo para lo singular. El protocolo supone la constancia del material y la universal comunicabilidad de los pasos a seguir. Miller (La experiencia de lo real…) introduce —según me parece— la idea de protocolo en psicoanálisis para situar el asunto de la posición del analista: se trata de alguien capaz de hacer la labor, porque está en cierta posición. Y esa posición, puesta en la labor, implica unos principios. Ahora bien, creo que no va más allá la idea de Miller. El material no es siempre el mismo, pues si bien hay imaginario, simbólico y real, los anudamientos son siempre contingentes. Y el que aplica también está marcado por la singularidad, pues no está configurado por la adquisición de una competencia universal, la que acredita, por ejemplo, una universidad, sino que, si bien está en una postura (deseo del analista) la ejerce desde la singularidad de su atravesamiento de una experiencia que no consiste en ponerse en relación con un saber estandarizado, sino en transformar su propia economía libidinal. Y esto sólo se da caso por caso.
El pase, entonces, se encuentra en ese umbral: es el testimonio que sólo puede dar quien lo atravesó, nadie lo puede hacer en su lugar, es algo absolutamente singular. Es el fin del que se puede dar lógicamente razón, pero también es el fin en el sentido del propósito. Es la resolución, en el sentido de lo que se ha resuelto —hasta cierto punto—, pero también en el sentido de lo que el sujeto resuelve hacer con su vida. Tenemos una ventana a una experiencia que no admite terceros. Recordemos las reservas que expone Freud a propósito de la publicación de sus casos, pues efectivamente eso introduce a un tercero en medio de algo que se ha dicho justamente porque no hay otros más que aquellos dos entre quienes se establece la transferencia. Pero Freud siempre aclara que no se trata de poner a cielo abierto lo que no ha sido construido en esa condición, sino del saldo de saber que se puede obtener a partir de un esfuerzo por estar a la altura de lo que se ha causado con la oferta del dispositivo analítico. Y es de destacar que también manifiesta reservas en relación con el alcance teórico de estas exploraciones a causa de la imposibilidad de tener un final de análisis hasta sus máximas consecuencias, y de tener analizante capaces de teorizar los recorridos correspondientes.
Ahora bien, si se trata de una experiencia singular, ¿cómo es posible que las otras personas puedan saber algo acerca de eso? Miller dice que si habláramos de lo singular, sólo podríamos proferir tautologías del tipo “Sócrates es Sócrates”. De manera que algo de lo particular cobra vida, para poder ser nombrado con categorías —éstas sí universales— y así poder hacer funcionar el pase como una puesta a prueba del psicoanálisis. Dado este paso de lo singular a lo particular, algo se pierde y algo se gana. Lo que se pierde, lo inefable, ya estaba perdido de entrada. Lo que se gana, la enseñanza para la escuela, sin embargo, corre el riesgo de la tautología, en el otro sentido que evocábamos de la ciencia: sus experimentos, diseñados por ella misma, leídos por ella misma, suelen confirmar el saber existente.

Lacan lo sospechaba, y por eso habló de la enseñanza que transmite el Analista de la Escuela (AE), o sea que —en teoría— se trata de un dispositivo que puede producir saber:



Ahora bien, si se trata de un saber, ¿quién lo legitima?, ¿cómo sabemos que, efectivamente se trata de un saber nuevo? A esta pregunta responde Lacan con la estructura que le asignó al dispositivo del pase: se trata de que un mecanismo —no uno sabios no unas buenas voluntades—, en manos de analizantes (lo que ancla el procedimiento al asunto mismo del análisis y sus efectos) y, en segundo lugar, en manos de otros que, recibiendo sólo lo que pasa —aletheia—, lo procesan desde un saber. Esto es paradójico porque, entonces, a lo sumo se produciría una legitimación del saber existente (¿y no es eso, en alguna medida, lo que ocurre?). El asunto crucial es si el efecto de lo que logra pasar no sólo alcanza el umbral del saber existente (S1), sino si es capaz de trasponerlo, de alcanzar un plus. Sería la única razón de que un AE enseñara; de lo contrario, lo que estaría haciendo es ejemplificar la teoría con su propio caso… Lo cual no estaría mal: bastante tendríamos con que nuestros ejemplos ya no sean solamente aquellos casos paradigmáticos (obsérvese que la expresión da cuenta de que han dejado de ser casos y se han convertido en tipos), que se cuentan con los dedos de una mano en el caso de Freud, formalizados por los analistas correspondientes, sino que también sean los casos que no han tenido la ocasión de volverse tipos, que están frescos, y formalizados no por los analistas correspondientes, sino por los analizantes mismos, convertidos retroactivamente en analistas gracias a dicha formalización.
Entonces, de los testimonios del pase que figuran en la revista Bitácora Lacaniana #2, me detuve en el primero, el de Leonardo Gorostiza. Pero no haré un comentario, pues ya hay en la publicación tres (de María Cristina Giraldo, Clara María Holguín y Héctor Gallo) que ustedes pueden consultar. Más bien diré en voz alta mis dudas en relación con lo esbozado atrás y con ello, de pronto, animar a los que todavía no ha leído la revista.
Responde Gorostiza a un llamado bajo la cláusula de “Usos del síntoma al final del análisis”. Y, en el marco de dicho título, escoge la siguiente pregunta: “El pasaje del síntoma al sinthome, ¿es un movimiento o rectilíneo o discontinuo? El síntoma del final, ¿es el mismo del comienzo, transformado, reducido, hubo hay una sorpresa, una discontinuidad?”. A ello, agrega Gorostiza la siguiente pregunta: “La satisfacción en el final de análisis, ¿es la misma que la del comienzo? Además de la nueva alianza con el goce, ¿hay una nueva satisfacción?”.
Entonces, en el sentido con el que empecé, me pregunto si en los términos de esas frases está el S1 del saber disponible en la doctrina psicoanalítica. Creo que Gorostiza intenta poner algo nuevo y por eso agrega una pregunta de su propia cosecha, y por eso va a introducir los asuntos del tiempo y del espacio. Ahora bien, en dirección a la novedad, ¿cómo enunciar el S1? ¿Puede haber un estilo en tal enunciación que anuncie ya la novedad? En tal caso, no sólo tendríamos una buena reproducción del S1 (que buena falta nos hace: no en vano, Miller se ha considerado durante más de 25 años apenas un elucidador de Lacan y sólo recientemente anuncia que va a empezar a hablar él), sino que tendríamos S2, producido también a partir de la manipulación del S1. Así, de entrada, este nuevo saber tendría que responder por su legitimidad.
El pase subsume —en teoría, insisto— el S1, a condición de servirse de él, no a condición de simplificarlo (o desfigurarlo, o recontextualizarlo) para que, por contraste, se está que la producción de un S2. Por ejemplo, según el título propuesto o durante el congreso de la NLS, hay síntoma al comienzo y al final de un análisis. Incluso podría pensarse que hay usos al comienzo y usos al final, y que nos ocuparemos sólo de los últimos. Pero la pregunta que escoge Gorostiza dibuja otro panorama: ahora hay un paso del síntoma al sinthome, de manera que no podría haber uso del síntoma al final, pues lo que habría en ese momento es sinthome, no síntoma… Y, hasta ahora, no se ha predicado del sinthome que con él se haga un uso. Pero la pregunta continúa dando un aparente paso atrás: vuelve a hablar del síntoma al final. Entonces, ¿al fin qué?: ¿Hay síntoma todo el tiempo? En caso afirmativo, esto implica tener que predicar acerca de las transformaciones de ese síntoma; por ejemplo, que el análisis va deshaciendo su envoltura formal, hasta quedar un hueso irreductible. Y, por lo tanto, podríamos hablar —como quiere Gorostiza— de la satisfacción que tiene lugar con un síntoma-florido y la que tiene lugar con un síntoma-hueso.
Pero si hablamos del paso hacia el final como el paso del síntoma al sinthome, se trata de otra cosa. Y si no, como a veces parece, cuando se hacen sinónimos síntoma y sinthome, entonces tendríamos redundancia conceptual. Y, si no hay redundancia, si hay una diferencia, entonces la pregunta es tautológica, pues forzosamente el paso del síntoma al sinthome tendría que ser discontinuo, por definición; y verán que así responde Gorostiza.
Cuando se pregunta: “El síntoma del final, ¿es el mismo del comienzo, transformado, reducido, o hay que suponer una discontinuidad?”, no hay en realidad disyunción, la que anuncia la ‘o’, pues podemos preguntar sobre continuidad y discontinuidad a propósito de la transformación del síntoma. Lo que ocupa a Gorostiza es la satisfacción y, para ello, usa la diferencia milleriana entre el pase ligado al atravesamiento del fantasma (asunto de “más allá”) y el pase ligado a la satisfacción (ligado a la identificación al síntoma), mutación de goce… O sea, ¿ya no hablamos de que el goce muta cuando se atraviesa el fantasma? Ahora se trata de disminuir displacer y aumentar placer (¡los mismos términos con los que Freud define el principio de placer!). Ahora bien, estas dos modalidades —placer - displacer—, ¿no son ambas satisfacción de la pulsión? Entonces, cualquier proporción en la que estas dos modalidades se presenten, representan una satisfacción. Así las cosas, la idea de una “nueva satisfacción” suena como un replanteamiento o implícito o de la doctrina sobre la pulsión. ¿Es así? ¿O nos estamos refiriendo a un nuevo régimen, a una nueva composición entre placer y displacer para el sujeto, pero no para la pulsión? Esta modestia, una reconfiguración del funcionamiento del goce, es de lo que da testimonio Gorostiza.
Los efectos terapéuticos, ¿no traen satisfacción?, ¿disminución del displacer?

sábado, 15 de febrero de 2014

Observatorio de las libertades


El Observatorio de las libertades vinculado a la Línea de investigación "Guerra, infancia y juventud" de La Antena Infancia y Juventud de Bogotá, inicia sus actividades el próximo 16 de marzo.
El grupo que constituye este Observatorio, sostiene un trabajo alrededor de la problemática que atraviesa y ha atravesado de diversas maneras nuestro acontecer público.
Numerosos estudios, escritos y observaciones dan cuenta de la incuestionable presencia de niños y jóvenes en la guerra que ha librado Colombia . Varias generaciones de colombianos han crecido bajo la consigna de este discurso. Porque en efecto, la guerra es una forma discursiva.
Los testimonios, la presión del Estado a pasar la página, no sin memoria, lleva muchas veces a un actuar errático que siempre conlleva el mismo efecto: la abolición del sujeto que soporta su digna expresión de vida, y clama por un otro que esté en la posición no de saber lo que se hace sino de sostener lo que un sujeto puede hacer con la marca indeleble del desamparo.
Frente al horizonte del actual acuerdo de paz que el Estado pretende hacer con los insurgentes, se ha vuelto de dominio público los términos de verdad, perdón, memoria, víctima, reparación, trauma, reconciliación. Son de hecho, un lugar común, moneda gastada al servicio de un adormecimiento de los síntomas ya que se piensa en corporizar al Otro de la culpa que llevamos cada uno.
El conflicto armado se ha convertido en un elemento pret a porter de una sociedad que justifica su estancamiento o sus torpes movimientos violatorios a todas luces de los Derechos Humanos, y eso acarrea claras consecuencias éticas. Echar sobre el otro el horror de existir, eso es la guerra y su naturalización. La fragmentación, la pluralización de los grupos violentos, la "bacrimización" como residuo de una operación de acuerdo, es a lo que asistimos en el mundo entero. La operación del psicoanálisis se fundamenta justamente en lo que es inasimilable en los Discursos del éxito y de la reconciliación. Su indicación: Escuchar a los sujetos y respetar los síntomas que producen como el límite ético de existencia. Es la brújula que comanda la acción del psicoanálisis lacaniano en este universo contempóraneo de las prácticas.
Las personas que de alguna u otra manera se ven concernidas por los problemas planteados, en sus prácticas personales o institucionales son las convocadas.
Coordinan el Observatorio: Guillermo Bustamante (Psicoanalista, Profesor Maestría Universidad Pedagógica),Lizbeth Ahumada (Psicoanalista, estudios en filosofía y teología, Presidente de La Antena Infancia y Juventud de Bogotá) Andrea Hellemayer (Psicoanalista, Profesora Universitaria, Facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidad de Buenos Aires y del Instituto de Bioética de la Universidad Javeriana),
Victor Florián (Filósofo, Profesor Maestría Universidad Nacional de Colombia).
Inicio: 16 de marzo
Lugar: Centro Cultural «Gabriel Betancourt Mejía». Universidad Pedagógica Nacional.
Calle 73 No. 14 - 53

La cita es los lunes de 1:30 a 3:00PM. Frecuencia: Quincenal.

lunes, 10 de febrero de 2014

Conferencia Jorge Assef

2013



- "Subjetividad hipermoderna a través del cine de Hollywood"
A cargo de Jorge Assef
Psicoanalista, miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP) y de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL) en Córdoba, Argentina.

  • Fecha: Jueves 23 de mayo
  • Lugar: Auditorio de la Alianza Colombo-Francesa, sede Chicó (Cra 11 # 93-40)
  • Hora: 6:30 PM
  • Entrada libre

Conferencia Antena




lunes, 3 de febrero de 2014

Comunicado

SEÑORES

MIEMBROS DE LA NEL Y ASOCIADOS A SEDES Y DELEGACIONES
DIRECTORES DE SEDES Y COORDINADORES DE DELEGACIONES

Estimados colegas y amigos,

La Comisión Epistémica de las VIII Jornadas de la NEL convoca a participar, difundir y promover la vinculación de ustedes individualmente y como Sedes y Delegaciones, en las siguientes 3 actividades preparatorias.

1. La Comisión epistémica conformará tres GRUPOS DE INVESTIGACIÓN o CARTELES a nivel de la NEL, con miembros y asociados de diferentes sedes, los que se deben centrar en una de las tres reflexiones sobre “LO FEMENINO HOY”, tema que será el primero en ser abordado en el evento. Los Grupos de investigación o carteles se conformarán con quienes manifiesten explícitamente su interés y deseo de participar (algunos lo han hecho). El trabajo de cada grupo o cartel será orientado a generar un producto para exponerse como ponencia en la mesa sobre LO FEMENINO HOY, que se realizará el viernes 24 de octubre en la tarde. Los interesados pueden escribir al responsable anunciando su deseo de participar, antes del 10 de febrero.



2. Quienes estén interesados en la conformación de dos carteles sobre los Testimonios de pase de Marcus André Vieira y Graciela Brodsky, deben manifestarnos su intensión enviando un correo a Elida Ganoza, elidaganoza@gmail.com, antes del 10 de febrero. El trabajo de los carteles servirá de base para el intercambio con nuestros dos AE invitados durante las mesas del Pase en las Jornadas.

3. Sugerimos a cada Sede y Delegación realizar actividades locales en las que se trabajen dos puntos de las Jornadas:

a. El enunciado de Lacan que afirma: LA POSICIÓN ANALÍTICA, ES LA POSICIÓN FEMENINA. ¿Cómo se testimonia de ello?

b. Estudiar EL GOCE FEMENINO EN LOS TESTIMONIOS DE PASE DE GRACIELA BRODSKY Y MARCUS ANDRÉ VIEIRA, pesquisando en ellos qué localización, modificación y función, tiene el goce femenino en los distintos momentos del análisis.

Cordialmente,
COMISIÓN EPISTÉMICA
José Fernando Velásquez, Elida Ganoza, María Hortensia Cárdenas, Marita Hamann, Jimena Contreras, Clara Holguín, Fernando Schutt y Johnny Gavlovski.

Argumento VIII Jornadas NEL

Comisión epistemológica: José Fernando Velásquez, Marita Hamann, Fernando Shutt, Clara María Holguín, Johnny Gavlovsky, María Hortensia Cárdenas, Elida Ganoza y Jimena Contreras.

     La pregunta por lo femenino, que inquietó a Freud, es la pregunta que la NEL se propone investigar destacando que no solo es asunto de mujeres. Las implicaciones y consecuencias de esta propuesta serán expuestas y discutidas durante las VIII Jornadas de la NEL que se realizarán en la ciudad de Lima los días 24, 25 y 26 de octubre de 2014.
     “¿Qué quiere una mujer?”, se preguntaba Freud, y postuló el penisneid como un punto de detención y repetición sintomática para las mujeres. Escribió que detenerse ante el enigma vuelve incapaces a los psicoanalistas [1], porque enceguece y asusta. La enseñanza de Lacan no se detiene ahí, más bien hace causa de ese impasse.
     Cuando decimos que lo femenino no solo es asunto de mujeres es porque la cuestión del género ligada al sistema de identificaciones imaginarias y significantes, no agota la relación del ser de goce con su sexo y el de los otros [2]. Freud captó que lo femenino se emparenta con componentes inmanejables y hasta crueles de la pulsión sexual [3]. Sentimiento de vértigo, intuición de un precipicio, exaltación y arrebato, son extremos en los que el cuerpo está allí integralmente comprometido. Lo femenino tampoco es equivalente a la maternidad. Ya lo había advertido Lou Andreas-Salomé, quién llamó la atención sobre la desviación en la que incurría el psicoanálisis cuando, al abordar a la mujer, se ocupaba de la madre. Lo pulsional en una mujer no está todo regulado por su orientación al falo ni aún por la maternidad misma [4]. Lo femenino encierra algo que no es del orden de lo armonioso en lo que llamamos actividad psíquica. Por otro lado, Sabina Spielrein se expresaba así: “Sientes al enemigo dentro de ti (…). Es el propio ardor amoroso, que con una necesidad apremiante te fuerza a hacer lo que no deseas; sientes el fin, lo efímero, pero no deseas escaparte, ni huir lejos” [5]. Melanie Klein destacó también que la posición femenina apunta a buscar activamente la catástrofe [6] como lo recoge la literatura antigua en Medea, quien se adueña de su destino, se funde en él, se vuelve enemiga de los semblantes de la civilización y mata por amor sin medida, sin freno [7].
     Lo femenino se escurre del estándar edípico con el que el discurso social pretende imaginar a la mujer. Encerrar a la sexualidad femenina en la maternidad, la pasividad o la envidia, como pretendieron algunos de los posfreudianos, es imposible. No por casualidad Lacan afirmaba que el llamado masoquismo de la mujer es “una fantasía del deseo del hombre” [8].
     Hay un goce real conocido como “femenino” que persigue ser colmado más allá de cualquier restricción o prohibición. Goce innombrable que escapa a la regulación y al sentido común. La lógica con la que opera el ser hablante para establecer el lazo social, que es la misma del inconsciente, le hace algo de límite. No del todo, porque una parte permanece inasible. Lo inasible femenino es precisamente lo que permite que ellas se encuentren más cerca de lo real, menos tomadas por sus fantasmas y los ideales que constriñen a los hombres. Su lado problemático es que, por ese hecho, ellas quedan más sometidas a la exigencia de un amor que nombre la rareza de su ser; sin embargo, esa insistencia también indica de qué modo son ellas quienes, de manera particular, sostienen el discurso del amor en la cultura así como la existencia de Otro goce rebelde a cualquier orden.
     Existe un rechazo histórico a la feminidad [9] que proviene de la relación con lo femenino primordial. En el discurso del inconsciente del hombre y la mujer, Freud reconoció ese “rechazo a la feminidad”. Lo sagrado, lo mágico, lo mítico, lo inconsciente se conjugan allí para frenar lo que todo ser hablante puede saber sobre lo femenino. Sin embargo, el psicoanálisis revela que hay una presencia “del sexo como tal, entiéndase en el sentido en que el ser hablante lo presenta como femenino” [10].
     Cuando “lo femenino” de la existencia se manifiesta, se le teme, suscita reservas. Es lo diferente que se rechaza y, en especial, es lo heterogéneo en la propia unidad narcisista. Si lo macho es lo norma-l que busca en el objeto fetiche su complemento y estabilidad, en lo femenino se trata de lo múltiple, lo inventivo y lo singular. Eso femenino habla sin saber y es imposible de negativizar. Opera con una lógica diferente al sentido al conjugar un goce real con una representación imaginaria en la que no interviene lo simbólico; por ello, no guarda una relación armoniosa con la ley, aunque no la desconozca.
     Sorprende que ya en 1958, en “Ideas directivas…”, Lacan plantease la existencia de un goce inanalizable, que quedará como resto de la operación analítica y que finalmente se resuelve con la clínica del sinthome: “¿Por qué no establecer aquí el hecho de que todo lo que es analizable sea sexual no implica que todo lo que es sexual sea accesible en el análisis?” [11]. Con las elaboraciones posteriores sobre la lógica del No-todo y de lo Uno, a partir del Seminario 19 y hasta el 23, se conceptualiza la dimensión femenina del goce y su derivado, el goce real, primero como constructo lógico en las fórmulas de la sexuación y segundo, como topología en el nudo borromeo. Con ello, Lacan alcanza a situar en sus últimos seminarios un nuevo paradigma del goce: El goce femenino participa de toda constitución del ser como ser de goce, proviene del acontecimiento traumático contingente y de la fijación, más allá de la diferencia sexual y de la ley del deseo, y constituye el pivote irreductible de un análisis [12].
     Es a partir de la postulación de este Otro goce que se radicaliza para el psicoanálisis la ausencia de relación entre los sexos, entre el goce que comanda al sujeto y el saber con el que intenta reducirlo y aun entre los significantes mismos, mediante los cuales se habría pretendido fijar un orden universal. Se destaca así la singularidad del hablante ser y se otorga una importancia crucial al encuentro, la contingencia, al traumatismo tanto como a la originalidad de las soluciones de cada existencia. Por su proximidad a lo que realmente acontece, el psicoanálisis da la vuelta a lo amenazante y peligroso de lo femenino para convertirlo en el fundamento de una práctica que toma en cuenta la lección de lo creativo, de lo fundacional.
     Apenas ahora empezamos a asumir las implicaciones de este Otro goce en la práctica analítica, un goce que no es del orden del fantasma. La incidencia de lo femenino en la sociedad y en la práctica y experiencia analíticas serán los objetivos en las Jornadas, como temas de trabajo en conferencias, mesas de conversación y en los trabajos clínicos que se expongan.
     Si elegimos el tema lo femenino no solo es asunto de mujeres es porque consideramos que en la NEL y en el espacio que ella cubre, es importante impulsar el franqueamiento que impone lo femenino como “continente negro” al decir de Freud. Al hacernos partícipes y constructores de un marco conceptual que apunte al título de nuestras Jornadas, nos autorizamos a indicar a todos los analistas, asociados y al público en general, un campo al que hay que ir, situado más allá del falo y con él, más allá del Padre del Edipo y del sentido, reconocido en el lazo social como “feminización del mundo” [13] al decir de J.-A. Miller. Esto tiene una incidencia fundamental en la práctica analítica.

[1] Lacan, J., Seminario 14, “La lógica del fantasma”, clase del 24 de mayo de 1967, inédito.
[2] Miller, J.-A., “A merced de la contingencia”, Consecuencias #2, Revista digital de psicoanálisis, arte y pensamiento, http://www.revconsecuencias.com.ar/ediciones/002/template.asp?arts/alcances/miller.html
[3] Laurent, É., Posiciones femeninas del ser, Tres Haches, Buenos Aires, 1999, p. 14.
[4] Lacan, J., “Ideas directivas para un congreso sobre la sexualidad femenina”, Escritos 2, Siglo XXI Editores, México, 1981, p. 709.
[5] Spielrein, S., “La destrucción como causa primera del devenir”, Jarhbuch für Psychoanalyse, IV, 1912.
[6] Ibíd., p. 9. [7] Miller, J.-A., “De mujeres y semblantes”, Conferencias porteñas Tomo 2, Paidós, Buenos Aires, 2009, p. 102. [8] Lacan, J., “Ideas directivas para un congreso sobre la sexualidad femenina”, op. cit., p. 709. [9] Freud, S., “Análisis terminable e interminable”, Obras completas, Tomo XXI, Amorrortu, Buenos Aires, 1979, p. 351. [10] Lacan, J., “Alocución sobre las psicosis del niño”, Otros escritos, Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 390. [11] Lacan, J., “Ideas directivas para un congreso sobre sexualidad femenina”, op. cit., p. 709. [12] Holvoet, D., “La pas-toute femme dans le cours ‘L´être et l’Un’”, Quarto Nº 104, École de la Cause freudiènne, Bélgica, mayo de 2013. p. 32. [13] Miller, J. A. Curso del 2011: El Ser y el Uno (inédito).